23.000 almas sin paraíso

El Real Zaragoza comienza hoy en Tarragona su intento de regreso al fútbol profesional arropado por la fe de una masa social que juega muy por encima del equipo y sus dueños

Los más de 23.000 socios que en estos momentos ha reunido el Real Zaragoza para jugar en Primera RFEF e intentar el regreso inmediato al fútbol profesional disputan otra liga. En el planeta, sólo hay dos clubes que superan esa cifra en la tercera división de sus países, el Fortuna Düsseldorf (36.000) y el Hansa Rostock (31.000). El caso más espectacular también se encuentra el fútbol alemán, pero en la Regionalliga Bayern, la cuarta división, donde el TSV 1860 München registra 28.000. Esta locura emocional es el único eslabón que fusiona la triste realidad actual a nivel deportivo y financiero con un pasado salpicado de momentos de gloria entre los mejores. Aquel Real Zaragoza sólo es reconocible por su gente, ahora ungida por otras generaciones distintas, menos exigentes pero con el gen innegociable de la pertenencia sentimental en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe. Todo lo demás, jugadores, técnicos, ejecutivos y propietarios son polichinelas que van cambiando de careta a cada representación, cada vez en escenarios más infames como consecuencia de la progresiva y armonizada mediocridad en la gestión. Sin embargo, hoy en Tarragona y hasta el último partido estarán en la lucha esos miles de lunáticos para imprimir su fe sin nostalgia ni reproches. Con ilusión pero con memoria. No se puede entender. No hay lógica que interprete este fenómeno de lealtad hacia el tesoro robado, inevitablemente también hacia sus ladrones. Algún día, por ahora ciencia ficción, quizás el Real Zaragoza en toda su magnitud regrese a este ejército desarmado que toca el tambor en primera línea de batalla.

23.000 almas buscan un paraíso a partir de esta noche frente al Nástic (21.30). Volver a la profesionalidad, un lugar que debería ser temporal para afrontar el último peldaño de la escalera al cielo. El camino carece de lirismo alguno y también de justificaciones: todo lo que no se subir de forma directa, es decir acabar como primero y abandonarse a la lotería del playoff, sería otro fracaso. La cuestión es descubrir si esta plantilla está suficientemente capacitada para alcanzar esa meta. Genera dudas, las intrínsecas a una plantilla reconstruida casi al cien por cien coste cero y al desconocimiento de una categoría minada de factores que desaconsejan sentirse favoritos y menos fanfarronear de ello. Ibai Gómez apuesta por un estilo agresivo y divertido que aún no ha cogido forma, con un mensaje que ha llegado a sus futbolistas con interrupciones, algunos de ellos alejados aún de la señal de maniobrar alrededor del balón o de su captura rápida. En un ecosistema donde impera la transición directa y la defensa baja o intermedia, la incógnita reside en descubrir si a este Real Zaragoza le dejarán o podrá ser tan protagonista, si los actores elegidos son los adecuados. Dispone de puestos doblados –aun le falta el lateral derecho y otro ariete que no llegará–, pero hay diferencias sustanciales entre los presumibles titulares y la reserva. En la portería, en una defensa muy corta en su eje, en un centro del campo excesivamente dependiente de Herrera y Rubén Díez… Con el todo goleador apostado en la figura de Joaquín Delgado.

El Nástic de Bakis y Eugeni dará la primera medida del Real Zaragoza aunque no la definitiva. Sin embargo, el triunfo en este debut adquiere un gran valor psicológico. No habrá dramas si se da otro resultado, si bien la repercusión de todo lo que ocurre con este club y más en Primera RFEF, sí será noticia para abrir los noticieros del lunes. Es lo que tiene la grandeza de un noble venido a menos en el fútbol, que conserva el título aunque en estos instantes viva en la casa del mayordomo. Sus 23.000 socios, con 2.000 seguidores esta primera jornada en el desplazamiento a tierras catalanas, son una bendición. También un altavoz muy potente que desoye por norma la SAD y sus fondos de inversión e inmersión en la oscuridad. Comienza el espectáculo a un millón de kilómetros de él. La afición cree a ciegas. Que los dioses les ayuden.

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