Mal negocio cambiar a Andrada

El argentino está en su peor momento y Adrián ofrece garantías, pero las ‘pulsaciones cero’ del veterano portero recomiendan su continuidad frente a lo crítico del partido de Huesca

Ya se ha difundido, desde dentro, por supuesto, que Adrián Rodríguez podría tomar el relevo de Esteban Andrada en el partido del próximo domingo en Huesca. La inseguridad que transmite el argentino viene de largo, pero en sus últimas actuaciones las dudas se han agolpado en un equipo en el que cualquiera salvo Rober podría sentarse en el banquillo y nadie pondría una vela en su recuerdo. Es el síntoma de un vestuario y un entrenador entumecidos por la responsabilidad, muy pendientes de la opinión pública, señal inequívoca de que la crisis de resultados y juego ha ganado mucho terreno al criterio razonado que exige la situación. Si el veterano guardameta desapareciera de la alineación no supondría sorpresa alguna, porque su compañero, cedido por el Alavés, ofrece suficientes garantías. El puesto que parecía mejor cubierto dentro de una plantilla no demasiado reluciente abre debate a seis jornadas del final. La posición en la que a estas alturas tendría que haber un inquilino intocable susurra un cambio.

Los pies le dieron a Andrada la confianza de Rubén Sellés y de David Navarro después de que con Gabi Fernández pasara de refilón por el once, en cuatro ocasiones antes de que el técnico madrileño fuera destituido. Adrián había dejado un buen sabor de boca con la manos, pero la maldición le acompañó: en sus diez encuentros se perdieron siete y se empataron tres. Ni una sola victoria. El notable toque de argentino para iniciar desde atrás, su experiencia y no pocas paradas de mérito de corte suramericano le hicieron indiscutible. Además, a sus 34 años, su impasibilidad natural frente a situaciones límite, incluidos regates lunáticos, se valoró como un elemento fundamental dentro de un grupo con los nervios a flor de piel. Con el tiempo se descubrió que el ex de Lanús, Boca y Monterrey, de donde llegó a préstamo con una opción de compra de 1,5 millones en caso de ascenso, mezclaba intervenciones sobresalientes con errores de cálculo de enorme penalización. Muy mal asunto para una posición que sobre todas las cosas premia la estabilidad en el rendimiento. Contra el Ceuta dejó un par de detalles que confirmaron que las musas le han dado la espalda.

Coordinación y descoordinación. Una temeridad a balón parado. Muy propio de los arqueros grandes, que cubren espacios imposibles y por los posibles se les escapa el balón de los guantes. La ortodoxia de Adrián, más alto que su compañero con 195 centímetros de mayor agilidad y menos sutileza en las botas, asoma por El Alcoraz en un regreso que podría tener beneficios, pero quizás no tantos como para contemplar ese giro en el guion del equipo en un encuentro tan crítico, con la salvación sobre una parrilla incandescente de emociones y excitación. Puede ser un mal negocio desprenderse de Andrada en esa caldera, en un escenario donde el argentino manejará las llamas como un viejo tragafuegos de feria, con el aval nada baladí del ritmo de haber participado como dueño de la portería desde el triunfo precisamente con el Huesca hace cinco meses –sólo se perdió la cita contra el Cádiz en el Ibercaja Estadio–. ¿Se puede volver a quemar? Es muy posible porque no va a renunciar a su irreverencia, pero no parece el día ideal para desprenderse de este caminante blanco en lo que será una canción de hielo y fuego.

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