Aquí no hay quien gane

No hay nada más triste que un funeral aburrido. Porque las emociones tienen vida. Aunque sean dolorosas. Pero el tedio mortecino es insustancial. Igual que la antipatía es más activa que la apatía, por mucho que prefiramos la simpatía. La rabia es impulsiva, pero lo anodino es banal. Si pudiéramos aplicar la legalidad de las personas a las instituciones, estaría plenamente justificado que se arrebatara la custodia de este club a sus actuales secuestradores. Cualquier juez entendería que para preservar el bien superior de la afición, es imprescindible que la criatura futbolística vuelva a la casa de su familia zaragocista natural. Se dan todas las condiciones en los dueños que se han apropiado de nuestro sentimiento, tal y como lo recogen las normas legales. Hay abandono, violencia, negligencia, adicciones al negocio e incumplimientos graves de los titulares del club. El problema es que los que mandan y deberían aplicar esta sentencia son los mismos que han cometido el delito. Cómplices de su enriquecimiento y culpables de nuestro empobrecimiento.

Podemos hablar de fútbol y de lo que ocurrió en Valladolid. Sería una contradicción. Ni se disputó un partido de balompié, ni se personó el equipo blanquiazul en el césped de Zorrilla. Podríamos volver a escribir la misma crónica de las últimas semanas. Si pasa lo mismo, estaría justificado repetir lo dicho. Me pongo en la piel de los profesionales del relato periodístico, y me imagino el sudor en la tecla para escribir algo nuevo sobre lo de siempre. Las voces del club comienzan a lanzar, desde sus medios afines, noticias de un futuro que no existe para tapar las vergüenzas del presente y las pasadas cosechas de fracasos en trece años de nada. Los profesionales del despiste anuncian el futuro entrenador del fútbol amateur, para que la afición mire el dedo de cartón piedra en lugar del limbo al que nos han llevado.

En estos días echamos de menos la toalla del boxeo en el fútbol. Bueno, menos Andrada. El abandono con dignidad no es cobardía sino responsabilidad. Mirando por encima las posibles sanciones veo que nos arriesgamos a perder todos los partidos restantes por seis a cero, la expulsión del equipo de la categoría con descenso, sanciones económicas y los jugadores quedan en libertad y sus contratos rescindidos. Pues es para pensarlo. La otra alternativa es presentar una denuncia contra el Cádiz, por torturas, ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya (Países Bajos), para preservar los derechos humanos futbolísticos. Porque no hay derecho a que los gaditanos nos mantengan con alimentación artificial, estando con encefalograma futbolístico plano. Aunque son cómplices Mirandés y Huesca que siguen acompañando nuestras derrotas con el sentimiento de las suyas. Tiene narices que, con una victoria imposible, el próximo domingo por la noche pudiéramos volver a estar a un punto de la salvación, a pesar de la sobredosis de suicidio que nos metemos en la vena de la locura cada jornada. Ayer los oscenses se marcaron un Real Zaragoza, perdiendo contra diez bravos donostiarras, llenos de frescor, rapidez y rigor táctico, que endosaron su segundo gol estando con uno menos. A este paso veremos un bonito derbi amateur aragonés, bien en el campo del Alcoraz que acaba de comprar el Gobierno de Aragón o en una Nueva Romareda que cada vez tiene más agujeros y que también acabaremos pagando todos con nuestros impuestos. Eso sí, la preocupación de Azcón y Chueca es evitar nuestro pesar por si no podemos estrenar el nuevo campo zaragozano y nos perdemos un apasionante encuentro entre dos selecciones que no nos interesan. ¡Váyanse a dónde les mandó Labordeta! No quieren hablar de lo que de verdad nos importa, porque son culpables de que lo que amamos se esté yendo al garete.

En fin, que aquí no hay quien gane. Y eso es otra forma de alargar la pesadilla que vivimos en esta comedia dramática. El primero (y segundo) de los cinco (o seis) últimos clasificados que consiga hacerlo, tiene o tienen posibilidades de salvarse, por demérito de los demás. Por el momento, el equipo de Navarro es una “pandilla basura” del fútbol (The Garbage Pail Kids Movie, Rod Amateau 1987). Pero el vertedero está en su Consejo de Administración. Se ha debatido sobre si era mejor acudir a protestar o ausentarse del modular frente al Sporting. Ir de luto al funeral dominical o bailar todos como porteadores de los ataúdes vacíos de los dueños que no estarán en el ágape del palco. La protesta organizada, con buena intención (y algún despiste provocado para que no salpique,) repartirá la cara de Mas en billetes. Ni nos acordamos del cubano. Pero así la furia no llegará de forma tan directa a sus culpables: los Forcén, Aguilar, López y sus amigos de la alta política popular. La única solución no es posible: la nacionalización por parte de la afición para que el club sea un club y no una Sociedad Anónima. Nos gusta el cine de nuestro equipo de fútbol, pero los dueños de la sala son los que imponen las películas que vemos. Podemos pagar o no la entrada. Pero ellos van a su negocio mientras que nosotros nos regimos por el corazón de la filmografía del León que amamos. Y esto no es compatible con su beneficio. Nos han mandado a un sótano de alquiler, mientras edifican en nuestro local una lujosa sala de conciertos sin orquesta. La película de terror que nos han obligado a ver, como fieles socios, da más pánico que miedo. Desde las instituciones les perdonan y sufragan los impuestos que pagamos los demás. Les compran campos ruinosos para que se lucren, o les construyen uno nuevo para lucirse en la inauguración que coincidirá con las elecciones de 2027. La foto ya está emborronada antes de revelarse. Cuidado, porque el enriquecimiento de sus amigos, puede hacer salir los votos de Chueca y Azcón por la culata del retroceso. Ayer la alcaldesa fue más Nadalia que nunca. Acudió a dar el pésame a la familia por el descenso del equipo maño, sin darse cuenta que la afición acompañaba al enfermo, terminal, pero todavía de cuerpo presente en el fútbol profesional. Menos mal que al hacerse el selfi de rigor notó que aún respiraba y se guardó las flores del tanatorio para su festival de la Zaragoza que florece, aunque su equipo enmohece.

El reciente informe de la auditoría realizada por la Cámara de Cuentas de Aragón (nada sospechosa en su composición de ser un órgano peligrosamente izquierdista) ha puesto de manifiesto las irregularidades detectadas hasta la fecha. Atentos a la secuencia de los apaños detectados, los plazos, las obligaciones del club en riesgo de incumplimiento y unos sueldos que superan el salario máximo interprofesional de varios lustros. Parece que los muertos se quedan en el césped, pero hay demasiados vivos a costa de nuestros abonos. Y lo que es peor, a cargo de los impuestos que pagamos todos los aragoneses.

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