En su penúltima rueda de prensa como entrenador del primer equipo antes de que pase a formar parte de un organigrama donde su función está todavía por definir, David Navarro evitó el fatalismo aun siendo muy consciente de que el Real Zaragoza tiene todos los boletos para descender este domingo en Las Palmas. Como siempre, el técnico vendió un filamento optimismo que ya nadie le compra, –«hay un hilo de vida. No vamos a tirar la toalla aunque vamos como vamos»–, con elogios hacia la afición que se desplazara hasta Canarias como ejemplo de la grandeza de un club «que nunca se rinde» e intentado explicar sin conseguirlo los porqués de esta situación histórica por humillante. Los hay, «es cuestión de muchos factores», dijo, pero no señaló a nadie ni nada en particular aunque se entretuvo con las lesiones en una extensa ponencia sobre sus experiencias en el fútbol regional aragonés. Eso sí, subrayó en un hábil enroque de responsabilidades que «esto no es de este año sino que viene de atrás». Colista, posición en la puede cerrar este vergonzante capítulo, equipo con menos capacidad goleadora con ocho jornadas consecutivas sin ganar que incluyen seis derrotas, y con tan sólo dos jornadas de 40 fuera de las últimas cuatro posiciones. «Al final ha sido un problema de cómo estamos, no de lo que somos. Los centros no pasan de la cintura aunque haya calidad para hacerlo. Pensamos más en que no puedo perder en lugar de ganar y eso te acerca más a la derrota. El grupo tiene más fútbol de lo que ha demostrado estas semanas». Quien no se consuela es porque no quiere. Y Navarro lo hace a lo grande con un marcado perfil de vendedor de libros de autoayuda.
En este contexto, pese a todo, no es sencillo armar un discurso coherente. Lo mejor es pasar de puntillas con una llamada a la profesionalidad y punto. Navarro, sin embargo, continúa en su línea de realismo barroco bien aderezado de metáforas. «Sabemos que matemáticamente es posible. Sabes que la Lotería de Navidad es difícil que te toque pero tienes esa ilusión. Saldremos en Canarias a por los tres puntos. El grupo se ha quitado de encima el bloqueo. La situación es hiperlímite pero iremos a por el partido y a ver lo que sucede». El Real Zaragoza necesita que le toque el Gordo con el Las Palmas y el Málaga y aun así quizás tendría que devolver el premio por no ser suficiente para mantener la categoría. Como no podía ser de otra forma, no faltaron en sus palabras las alusiones al escudo, a la implicación profesional de todos, sobre todo de los jugadores con sentimiento zaragocista, y a la manida proclama de que «estos sitios no son los del Real Zaragoza sino la zona noble de Primera. El Real Zaragoza no es esto aunque esté así». Y cuando fue preguntado por su estado de ánimo frente a lo que se avecina, al día después, David Navarro acentuó el drama del que, le guste o no, ha sido cabeza de cartel. «Estoy roto pero entero. Estoy de pie porque aún estamos vivos, deseando que llegue el 1 de junio para reventarme si ocurre. Es muy doloroso pero tenemos que pelear hasta el final». Esto es el Real Zaragoza, la bola más gorda que se haya contado, imposible de que, por el grosor de la mentira que es, siquiera pueda salir por el estrecho conducto del bombo de la fortuna.

