Un proyecto del montón

El Real Zaragoza, según los planes de Lalo Arantegui, realizará 14 fichajes como máximo, de los que cinco se han cerrado ya, para diseñar una plantilla con peso de la cantera y modesta en número y gasto

La rueda de prensa de Lalo Arantegui arrojó la cruda realidad de la situación financiera del club. El director deportivo no la escondió aunque fuera coloreando el gris panorama que se presenta con las palabras ambición e ilusión con el objetivo de abandonar cuanto antes la Primera RFEF, una categoría «peligrosa en la que no se gana con el escudo», subrayó. También con un nuevo mundo para el fútbol base con un esqueleto humano renovado y una metodología de la que beban desde las categorías de formación hasta el primer equipo, esta una licencia poética para estos tiempos convulsos que piden más concreción e inmediatez de resultados. Quiere el ejecutivo que la cantera sea importante, que las familias entiendan «que no hay mejor lugar que la Ciudad Deportiva». Todavía le queda un trabajo ingente y en cierta forma ambiguo aunque presentará una monumental lista de bajas –26 en concreto– que escenifica como nada la dimensión del fracaso de la temporada pasada, algo que no se ha digerido y que está pasando factura a todos los niveles pese a que se anunciara una ampliación de capital de 20 millones de euros cuyo destino no es otro que tapar los múltiples agujeros de la tesorería. Presentó cinco fichajes además del entrenador, Ibai Gómez. A Rubén Díaz, Jaume Jardí, Anartz Peña, Peter Ademo y Raúl Pereira se sumarán «8 o 9 jugadores más» porque su deseo y el del técnico es contar con un grupo de 22 como máximo. Eso se traduce en que canteranos como Barrachina, Terrer, Gomes, Sebastián, Pinilla y Cuenca van a tener peso a la espera de lo que suceda con la continuidad de Francho Serrano… El proyecto ahora mismo es del montón si los que faltan por venir no responden al perfil de piezas muy diferenciales en posiciones capitales.

Que el presupuesto sea de los más altos no es suficiente. El Real Zaragoza necesita una inversión sin dobleces para establecerse desde la parrilla de salida como máximo favorito, circunstancia a la que ni se aproxima y será complicado que lo haga salvo giro imprevisible. Arantegui apuesta desde su responsabilidad por un regreso a Segunda pero con estilo y con la valentía que intuye en Ibai Gómez. Todo «sobre un lienzo en blanco» en el que se plasma un acto de fe más que una apuesta sincera de la propiedad, que se mantiene muda, oculta en intenciones, con personajes que sólo transmiten desconfianza, entre ellos Mariano Aguilar, uno de los grandes arquitectos de la vergüenza histórica que se mantiene entre bastidores. Cuando un periodista preguntó sobre la posibilidad de que la vacante del director general sea cubierta por Luis Carlos Cuartero, un escalofrío recorrió la sala.

Estalactitas colgaron del techo con la respuesta del director deportivo, que no se implicó pero dejó una opinión espeluznante: «Aprecio a Luis Carlos Cuartero porque en la anterior etapa conmigo se dejó la vida en contra de lo que parezca». Forcén, Aguilar, Mas… ¿Cuartero? Hay magníficas películas de terror que se calificarían de comedia ante este sobrecogedor escenario, un Real Zaragoza irreconocible ya no solo por dónde va a competir, sino por los pilares sobre los que se sostiene en esta nueva era en la que Boris Karloff y Béla Lugosi podrían formar parte del consejo de administración o de un organigrama brumoso que impide ver con claridad qué cualificación mínima se exige para integrar este club. Levantado el telón para el próximo curso, el elenco de actores principales, secundarios y adjuntos al séquito de ambos no asegura ni mucho menos el éxito.

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