Ibai Gómez contra lo posible y lo imposible

El técnico quiere poner su sello personal a un equipo que todavía no ha encontrado, a un grupo de jugadores en muchos casos limitados de talento físico o técnico a los que sólo puede y debe mejorar colectivamente

La derrota contra el Nástic reveló al mejor y al peor Real Zaragoza. Ese choque brutal de contrastes, la ausencia de un equilibrio, hizo que perdiera. El sello protagonista de Ibai Gómez emergió en numerosos pasajes del encuentro, con una enorme capacidad dominadora engendrada en la personalidad del equipo aragonés y, sin duda, en la concesión territorial y del balón de los catalanes, que se transformaron en un bloque sometido y angustiado pero consciente de que en la buena gestión de sus limitaciones podría hallar la virtud suficiente para ganar. A balón parado y en un contragolpe sentenció a su rival. ¿Quién mereció el triunfo? Las estadísticas conceden la victoria por goleada al Real Zaragoza, pero el fútbol, que no siempre se deja seducir por los números, se la entregó sin rechistar al Nástic. En ese tribunal se hizo justicia por mucho que el técnico vasco y Ander Herrera la solicitaran a gritos al fin al del partido.

619 pases, 549 precisos con un 81% de desarrollo del juego en el campo dentro de un 73% de posesión del balón. 30 lanzamientos, aunque sólo 9 de ellos a portería con Ayesa magnífico en un par de ocasiones de Pau Sans, el más incisivo, y Lucas Terrer. Sin embargo, nadie marcó en sus intentos, ni Jardí, ni Delgado, ni Gabilondo, ni Herrera, ni Cuenca, ni Vadillo, quien se encontró con el larguero. Los tarraconenses dispararon nueve veces y acertaron en dos de las cuatro que fueron en dirección a Westerveld. No de cualquier forma. Primero en una falta que cabeceó Bakis tras una grave desatención defensiva, y al final con una carrera larga y solitaria de Segura, quien definió con clase y colocación. El Real Zaragoza, en ambos casos, mostró una considerable debilidad táctica, mientras que en ataque su calidad quedó muy cuestionada. A los puntos, se hubiera llevado los tres, pero los golpes lesivos le dejaron en la lona con un bonito cuerpo noqueado.

En ese debut deslumbrante por dominación, se vislumbraron cuestiones que ya se habían percibido en la pretemporada. Ibai Gómez no ha encontrado equipo todavía y, además, empieza a dudar de algún futbolista. El detalle de que recurriera en los cambios a Vadillo y Tobajas muy por delante de Ademo y Rubén Díez confirman que duda. Ademo fue el sacrificado en la alineación para jugar con dos puntas como gran novedad. Al nigeriano no le halla su lugar y, como recurso ofensivo, lo situó arriba en lugar de Espiau y Pinilla, que se quedaron sin participar. Los cambios, en los que incluyó a un Escudero que físicamente está por debajo de Pereira y al que sitúa de interior en un movimiento más que cuestionable, no le dieron nada salvo la genialidad de Vadillo a la madera. Todos esos retoques se tradujeron en el 2-0 en otro despiste impropio de alguien que, en teoría, ha hecho el mejor encuentro en años, según la percepción del vestuario aragonés y de su capitán.

El entrenador bilbaíno tiene a su favor que frente al Antequera dispondrá un defensa nueva al cien por cien y con más garantías en su eje. Rubén Iranzo, Diego González y Marcos Sangalli, este en lateral derecho, suben enteros en una parcela donde ni Tachi ni Barrachina son fiables como segundas opciones. Queda por saber si insistirá en un Escudero a años luz de su fama o apuesta por la frescura de un Pereira cuya espalda hay que cuidar. En este sentido se espera un salto cualitativo y fundamental en una categoría que como primer mandato tiene conservar la portería inmaculada. A partir de ahora, Ibai Gómez se enfrenta a lo posible, a un trabajo en el que puede y debe mejorar la respuesta colectiva con el patrón del protagonismo constante que predica, y a lo imposible, hacer que sus centrocampistas sean más dinámicos (Herrera-Terrer es un doble mediocentro demasiado sobrio), ya que no se ajustan a ese perfil, y que los delanteros o la segunda línea desplieguen una puntería sublime. Su prioridad es definir un once lo más definitivo posible y establecer roles que en Tarragona condujeron a la confusión, una doble empresa que elevaría lo conceptual y ampliaría el rendimiento individual dentro del orden. Es decir, y pese a una plantilla de posiciones dobladas sin demasiadas garantías, conseguir un equipo de caparazón ganador de partidos y no sólo de balones o de declaraciones infantiles cuando no se sabe perder.

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