El conjunto aragonés, que cae en Soria (2-1), deberá ratificar su condición de gran favorito en la liga sobre la base de un once competente si mejora su defensa y un fondo de armario que deja dudas
La derrota en Los Pajaritos como cierre a la pretemporada (2-1) no afecta a un análisis global de la pretemporada del Real Zaragoza y de lo que le espera en el futuro, muy condicionado al acierto en los fichajes de un lateral derecho y de un central (Rubén Iranzo) para robustecer una línea defensiva donde sólo Diego González en el eje y Escudero y Pereira en la izquierda anuncian seriedad. Ocho encuentros amistosos se han solventado con cinco triunfos, tres de ellos frente a conjuntos de Primera RFEF, y tres derrotas ante Barbastro, Andorra y Numancia. En esas citas experimentales se ha vislumbrado una idea todavía por cuajar, ser protagonistas con el balón y ejercer una presión alta y constante, dos mandamientos que no se han cumplido casi nunca con buenos y malos marcadores. Lalo Arantegui sí ha conseguido reconstruir por completo el vestuario después del descenso y del éxodo obligado de jugadores con 15 novedades en cuanto lleguen el par de profesionales pendientes de firmar, pero, por el momento, un alto porcentaje de sus apuestas no han dado la talla que se esperaba o están por hacerlo. Con 38 jornadas por delante, Ibai Gómez parece contar con un equipo al que implementar sus ideas, que circulan con más fluidez por su cabeza que en el campo. El problema puede ser cuando sus piezas maestras se ausenten o el técnico opte por elegir a otros futbolistas para cambiar la estructura inicial en algunos partidos o por exigencias del guión sobre la marcha. La condición de favorito no está tan clara como se presumía por potencial de club en una división que sólo premia al primero, una batalla feroz que apenas permite errores en el camino.
La portería es un punto negro. Westerverld garantiza regularidad y un comportamiento notable, lo que no hace en ningún caso un Anartz presa de la inseguridad incluso con los pies, la que se suponía su mejor arma par construir el juego desde la base, una cuestión también por pulir con empeño y buenas dosis de trabajo. Si es que hay jugadores aptos para asumir riesgos en la gestación, duda por despejar. El técnico tiene un guardameta. La cuestión es alarmante, como también la lentitud y desatenciones de Tachi, nada nuevo, o la poca enjundia de Gabilondo en esa retaguardia por lacrar con mucha más firmeza. A Ademo hay que descubrirlo. El entrenador quiere que su amplitud física sea la proa del achatamiento del rival como delantero tenaza, lugar donde el nigeriano, perdido en ocasiones, no ha hallado la productividad deseada. En los costados se detectan dos cicatrices. No hay extremos. Hansson y Jardí, cuya finura apenas ha asomado en detalles aislados, han transitado por el verano bajo la sombra de la intrascendencia. Venían para ser importantes, igual que Espiau, un atacante que ha decepcionado como alternativa goleadora y que no mejora las prestaciones de Pau Sans. Ni siquiera las del estajanovista Cuenca o los chispazos elegantes de los canteranos Vadillo y Tobajas, estupendos en la mayor parte de sus apariciones con el borrón de hoy en Los Pajaritos. De la escuela, a Barrachina le queda mucho por aprender y Saidu, con unas cualidades enormes, carece aún de la contención, la pausa y las buenas decisiones que reclama el fútbol incluso en este tercer escalón.
El centro del campo en su parcela nuclear ha dado señales de calidad en las figuras de Herrera, su relevo natural según Ibai, Rubén Díez, y un Lucas Terrer en crecimiento deportivo y de personalidad. El ritmo es otra cosa. Los dos primeros imprimen calidad y manejan los tiempos, cualidades que en Primera RFEF son diferenciales siempre que los automatismos tengan un engrase perfecto. Si no es así y con los adversarios encantados de conceder que la pelota viaje plomiza, la virtud corre el peligro de transformarse en defecto. Ya se ha comprobado en algunos amistosos cuando el pase no ha hallado destinario y el repliegue ha dejado en evidencia a un equipo partido o moroso en el repliegue. Sanse, Villareal B y Bilbao Athletic perdieron, si bien fueron superiores en la conjunción y en la ejecución de sus estilos. El Real Zaragoza salió vencedor por constancia y una elevada eficacia en sus contadas ocasiones, lo que hay que ponerlo en su cuenta positiva pese a todo para enfrentarse a un torneo de encuentros muy largos y rácanos ofensivamente. Hace poco se ha cubierto la plaza del 9. Joaquín Delgado, aunque no fuera la primera opción, marcó en su debut y en él están depositadas las esperanzas de haber dado en la diana capital para cualquier equipo, en cualquier escenario. De su fuente goleadora beberá un Real Zaragoza que en la pretemporada se ha desenvuelto por un aprendizaje no exento de erratas y sufrimiento. Ibai Gómez espera que Lalo Arantegui le complete una defensa menos vulnerable. El resto es cosa suya. El técnico bilbaíno debe conseguir, si es posible, que en sus preferencias por el gobierno del partido encajen las jugadores que han descorchado autoridad con los que apenas han dado señales de vida o los que respiran con dificultad en una estrategia igual de atractiva que peligrosa.
Numancia, 2: Iván Martínez; Rafa Roldán, Pelayo, Fran González, Marcos Fernández; Moustapha, César Moreno; Jorge Domínguez, Aranzabe; Amin, Jony. En la segunda parte salieron Luis Roldán, Iván Moreno, Charlez, Torondel, Marcos Lopes, seba Florese Iker León y Borja lópez.
Real Zaragoza, 1: Anartz Peña; Lalo Arantegui; Saidu, Barrachina (Berdejo, m.46), Pereira; Rubén Díez, Tobajas (palacio, m.58); Vadillo (Jaume Jardí, m.46), Hansson, Pinilla (Joaquín Delgado, m.69) y Edu Espiau
Goles: 1-0, m.42: César Moreno. 1-1, m.67: Rubén Díez. 2-1, m.85: Iker León
Árbitro: Gorka mazo (C. Vasco): Amarilla a Tobajas en el Zaragoza y a César Moreno en el Numancia.

