Gabi Fernández no sintoniza con el bosnio, un futbolista de talento embrionario que podría brillar en un Real Zaragoza de mayor ingenio pero condenado por su carácter inmaduro en un equipo que no le colma
Samed Bazdar es un futbolista de 21 años que con cinco gestos y otros tantos goles ha conseguido el consenso de la grada sobre su indudable talento, posiblemente el mayor de este Real Zaragoza sin apenas fantasía en su plantilla. De la misma forma que ha recibido ese reconocimiento, también está considerado por la afición como un delantero de rendimiento muy inestable, y cuando los entrenadores le han ido apartando de la titularidad, nadie y muy pocos ha discutido la decisión. Una lesión, la falta de adaptación a un idioma y un país diferentes, el escaso entusiasmo del club por orientarle en ese escenario novedoso para alguien tan joven y la poca fe de Gabi Fernández en su juego se han sumado a su inmadurez para considerar que su salida en este mercado no supondría drama alguno. Está en el escaparate siempre y cuando quien lo quiera pague un traspaso que supere los tres millones invertidos en el punta. En otro contexto, en un Real Zaragoza de más sustancia, posiblemente sería el atacante referencial. Este de poco ingenio no le colma y se le nota, lo que le conduce en no pocas ocasiones hacia la indiferencia en el campo, un pecado capital para cualquier técnico.
Elegante y con recursos ofensivos de alta gama, en las dos primeras jornadas ha sido reserva. Dos minutos tuvo en Anoeta, por donde pasó como un fantasma, y 25 contra el Andorra para marcar un gol de clase que no impidió la victoria del Andorra, dominador por 0-3 en ese instante. El mensaje está muy claro: se quedará si en los próximos cuatro días no llega a los despachos una oferta convincente, situación en la que este reloj suizo podría convertirse en una bomba de relojería. Su celebración del tanto en el Ibercaja Estadio fue fiel reflejo de su estadio de ánimo al mandar callar a sus críticos con el dedo índice sobre sus labios. Llevaba diez meses sin ver puerta, desde el 23 de octubre de 2024 en Elda, y el partido estaba perdido, por lo que ese gesto inoportuno e inadecuado evidenció su cisma con el cuerpo técnico. Es muy probable que Bazdar, con los años y la experiencia, también un ecosistema que le resulte más confortable, despunte en el hemisferio de la élite, pero ahora mismo su figura molesta.
Molesta a un entrenador partidario de músculo y poco cerebro. No, no es jugador de pizarrín.