Después de ‘ganar’ al Nástic, toca hacerlo con el Antequera

El equipo recibe a los malagueños con una defensa nueva que debe darle más consistencia, pero peligrosamente instalado en fantasías de una grandeza que debe demostrar en el campo y en el marcador

La derrota frente al Nástic se ha interpretado en muchos coloquios como una victoria. No todos los seguidores piensan igual, principalmente porque el Real Zaragoza perdió en Tarragona recibiendo dos goles y sin marcar ninguno, pero las estupendas estadísticas a su favor y la siempre recurrentes sensaciones ante la ausencia de un buen resultado, han edulcorado el debut en Primera RFEF hasta el empalago. Ibai Gómez, que trabaja aún en su método, y Ander Herrera, que tiene perfectamente diseñado su plan como capitán, segundo entrenador in pectore y estandarte de un zaragocismo a su medida, elevaron a la excelencia el estacazo de la jornada inaugural en tercera división. Para un aspirante al ascenso directo, obligado a la máxima exigencia y a las lecturas más ecuánimes de los partidos para aprender de lo mejor y de lo peor, esa reflexión fanática y compartida del técnico y del futbolista no ayudan mucho. La merecida victoria en Tarragona, también destacada por Lalo Arantegui, lo que multiplica lo ficticio de la perspectiva, ratifica que todavía la cúpula deportiva no sabe en qué categoría se encuentra y que, como consecuencia, el conjunto aragonés es tan vulnerable como cualquiera de los clubes que la componen. Su fortaleza residirá en la plantilla, pero sobre todas las cosas en evitar los mensajes complacientes con el fracaso aunque se vista de Prada.

Si este es el Real Zaragoza de verdad, cuestión que podría ponerse en duda después de la cantidad de saqueos económicos y emocionales que han sufrido en las últimas dos décadas hasta precipitarse al más absoluto vacío de identidad, tendrá que demostrarlo con las mismas dosis de ambición que de humildad. Lo tiene complicado porque cada día que pasa resulta más irreconocible salvo por una afición que enciende en solitario el pebetero de la ilusión en todos los funerales. Entre egos insolentes, luchas aldeanas de poder y notoriedad económica y propiedades tan sólo apasionadas por la rentabilidad de sus inversiones, el camino amenaza con un infinito trayecto hacia la nada deportiva o algo mucho peor. En ese estado de las cosas, el optimismo popular ha perdido la dignidad y el sentido, pero hay que respetarlo en su agonía frente a la esperanza prefabricada con materiales y personajes tóxicos del pasado, exsecretarios técnicos, exentrenadores o exdirectores generales caducos que alargan su sombra de influencia en un funesto ritual vampírico. Una liturgia compartida y consentida por los actuales responsables de la entidad, muchos de ellos administradores de la despedida del fútbol profesional.

Arantegui manifestó ayer que la plantilla que ha confeccionado está formada por prioridades –mentira piadosa– y que está preparada para subir. Para empezar a alcanzar esa meta después del pinchazo con el Nástic, el Real Zaragoza recibe mañana al Antequera (21.00), quien el pasado fin de semana se impuso a un Ibiza superior en clase con un notable ejercicio de conocimiento de su modestia y de lo que solicita la Primera RFEF, donde no sobra el talento y sí la constancia y la eficacia. Los tres goles que consiguió (3-2) llegaron en un perfecto contragolpe triangulado, el bote de una falta y tras un saque de esquina, muy a lo Nástic, muy a lo Primera RFEF. El Ibiza imprimió un dominio tenaz y elegante, pero… ¿Les suena? La diferencia con su estreno, considerable, es que el Real Zaragoza podrá contar para esta ocasión con una línea defensiva nueva en su eje que debería aportarle consistencia y un nivel superior en la salida del balón. Sangalli deberá esperar, pero no Iranzo y Diego González como centrales que vienen para poner la primera piedra de ese proyecto sin embargo incompleto para definir al conjunto aragonés como un favorito incontestable. Ibai Gómez tendrá que darle una vuelta de mediocampo hacia arriba pese a lo magnífico de Tarragona. Será improbable que disuelva la sociedad Herrera-Terrer, un tándem de control al que le falta verticalidad. Posiblemente no mueva mucho el técnico bilbaíno, pero las alas se lo piden porque ni Jardí ni Cuenca le dieron soluciones, mientras que en ataque Pau Sans y Delgado se antojan intocables. El Antequera de Abraham Paz, que es más equipo que el Nástic, va a dificultar que el Real Zaragoza gane de nuevo, esta vez de verdad, con más argumentos en las áreas, en el campo y en el marcador y menos soberbia ante los micrófonos.

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