Diego González firma una victoria de Primera RFEF

La amplitud defensiva y la fe ofensiva del central, que salvó un gol y dio la asistencia del tanto de Espiau en el minuto 90, permite imponerse a un Real Zaragoza ahogado en la primera parte e incisivo en la segunda con los cambios (1-0)

Si no llega a ser por Rubén Iranzo y sobre todo por Diego González, el Antequera, una auténtica roca competitiva representado por una bestia atacante como Destiny y una defensa sobria liderada por Iván Pérez que sólo claudicó en el minuto 90, habría salido del Ibercaja Estadio con al menos un punto. El exjugador del Ceuta, titular con una cinta protectora en la cabeza como herencia del tremendo golpe que le hizo pasar por el hospital y descansar una semana por protocolo, construyó un partido soberbio y ratificó que en Primera RFEF no se puede competir sin buenos centrales. Se les esperaba a ambos con cierto frenesí, confiando en que la sequía goleadora frente al Nástic se regara además de con ocasiones con goles. El de la victoria llegó en el minuto 90 y lo marcó Espiau con el muslo después de que González atacara un balón largo de Jardí que parecía imposible de cazar para hacerlo pasear por el larguero y que cayera como un regalo para el punta. El primer triunfo del curso, muy propio del ecosistema de la categoría, se celebró con delirio en el Ibercaja Estadio y entre los protagonistas, que habían visto antes cómo Ander Herrera enviaba un penalti al poste en una segunda parte estimulada por los cambios que Ibai Gómez introdujo en el descanso.

El Real Zaragoza jugó con fuego la primera parte, sobre la hoguera de un equipo plano que definió que existe una distancia considerable entre unos futbolistas y otros de la plantilla. Los malagueños lo aplastaron con una presión carnívora, obligado a Iranzo y González a multiplicarse frente a los errores de Gabilondo y la laxitud de Escudero. También se emplearon para disimular la vulnerabilidad en el repliegue de Ander Herrera y Lucas Terrer y sus dificultades para conseguir el balón y administrarlo. Westerveld salvó un mano a mano provocado por un fallo del lateral derecho, Iranzo ejecutó varias correcciones que hablan de su altura competitiva y Diego González sacó un balón que se iba a acomodar dentro de la portería… El Antequera era superior como equipo, más rápido y decidido, gobernador del centro del campo con Basséle y la velocidad de Moi Parra. El público murmuró porque la única capacidad futbolística para contrarrestar al adversario se resumía en las aventuras solitarias y siempre con intención de Vadillo, quien había dejado en el banquillo a Jardí. Pau Sans, Delgado y Cuenca transitaban por el limbo, sin llegar siquiera a apretar el gatillo con la insistencia de la primera jornada.

El entrenador halló parte de su idea original donde la encuentran todos los técnicos, en sus mejores jugadores. O en prescindir en el momento justo de los que no dan la talla suficiente. Pereira, Jardí y un Sangalli diferencial ya desde su estreno, entraron por Gabilondo, Escudero y Cuenca. Hay que insistir en que el Real Zaragoza siguió protegido por el escudo de sus centrales, ahora con una mayor colaboración desde los costados. El conjunto de Abraham Paz perdió oxígeno pero nunca el sitio. Sin embargo, empezó a sufrir algunas grietas, más que nada por la derecha, donde Jardí y Sangalli hicieron una autovía de lo que antes era un camino comarcal. Los centros y las llegadas se sucedieron y Dani Alcover probó sus guantes por primera vez en el encuentro. El ataque en su fase final continuaba siendo una lástima, pero en una buena combinación colectiva el donostiarra sacó de su repertorio ese amague de centro con recorte dentro del área que tanto practica y su marcador lo derribó. La revisión solicitada por Paz reafirmó la pena máxima. La cuerda se aflojaba por fin.

Ander Herrera cogió la pelota. El capitán quiso dejar constancia de su ascendencia y nadie se atrevió a rechistarle. Sin embargo, su golpeo fue a la madera y el rechace, al cuerpo del portero. Ni desde los once metros. El Real Zaragoza, pese al golpe bajo, se rehízo como debe hacerlo un equipo en esta división, sin mirar el reloj, sin quejas de su infortunio. A base de perseverar, el auténtico dominio por encima de la posesión temporal. Ureña y Espiau pisaban el césped en el último intento de Ibai Gómez de hallar a la exhibición de sus centrales el mejor adorno posible. Pero fue uno de ellos, Diego González, quien condujo al equipo aragonés al triunfo muy lejos de su campo de acción, centrando desde el segundo palo para que Espiau empujara la pelota con el cuádriceps. Qué más da. El Real Zaragoza sufrió y va seguir sufriendo porque su plantilla no abre un brecha sustancial con las del resto. Eso sí, el tremendo salto cualitativo en el eje defensivo y en el lateral derecho le otorga más fiabilidad mientras espera a que sus delanteros despierten de un letargo finalizador que preocupa.

Estadio Ibercaja Estadio (Zaragoza), sábado 5 de septiembre de 2026
Real Zaragoza Westerveld; Gabilondo (Sangalli, 46′), Diego González, Iranzo, Escudero (Pereira, 46′); Ander Herrera, Lucas Terrer; Cuenca (Jardí, 46′), Pau Sans (Espiau, 80′), Vadillo (Ureña, 72′); Joaquín Delgado
Antequera CF Alcover; Javi Antón, Quintana, Iván Pérez, J. Martínez; Basséle, Aspra (Mangada, 46′); Adri Gené (Isra, 61′), Luismi (Samu Almagro, 80′), Moi Parra (Agüero, 61′); Destiny (Zarzana, 61′)
Gol 1-0, Espiau (90+1′)
Árbitro Joan Masip. Amonestó a Aspra (22′), Moi Parra (43′) e Iván Pérez (90+’) por el Antequera CF, y a Iranzo (50′) por el Real Zaragoza

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