El Mañiq

Los cambios nos permiten seguir donde estamos, aunque nos movamos. También renovamos los escenarios para que parezca que avanzamos, aunque sigamos igual. Hay personas que, cada poco tiempo, disponen su mobiliario de forma distinta para que su casa quede como nueva. Como ejercicio es saludable, pero si se transforma en obsesión es un incordio. Hay vividores que han hecho de la decoración su medio de negocio. No me refiero a los admirados artistas de un diseño por el que pagaría sin dudar, siempre que me ayude a no pensar en huecos imposibles y en conjugar tonos que no distingo. Hablo de las influencias en el equilibrio del orden mundial que se producen en función de la orientación de nuestros muebles. Es lo que intentan explicar a través del famoso Feng Shui con algunos de sus consejos. Esta práctica china sostiene que un simple retoque del mobiliario nos puede ahorrar multitud de dolores de cabeza. Una armonía de sillas y librerías, por muy ikeístas que sean, contribuiría, según esta religión del diseño a mejorar nuestra felicidad. Por ejemplo, que dormir con la cabeza apuntando al norte es casi tan peligroso como cantar cara al Sol. De la primera opción no hay certezas. Ahí lo dejo.  De todos modos, es posible que el descanso y el bienestar dependan más de los muelles del sofá que de la brújula de nuestra mesilla.

El Real Zaragoza salió con todo frente al Eibar y terminó con nada en la cesta del empate. Puede que el premio fuera la devolución del envase en forma de una diferencia de goles favorable ante un rival alejado de su metraje. Los cambios modificaron el escenario, pero no el paisaje. Y la obra terminó igual que la interpretada por otros actores. Si la cimentación no es de fiar, los ladrillos y las manos de pintura, son el cartón piedra de una vivienda en ruinas. O el equipo se impone a la institución o el club arrastrará a los nuestros fuera del fútbol profesional. El tiempo se termina, aunque la paciencia de la afición lleve años rebosada de agotamiento. Ese cansancio es el que se palpa en el ambiente frío de los muebles de segunda mano, y tercer pie, que no vibra en el modular, aunque patee sobre su estructura. Se percibe una calma sin tensión y unos nervios sin frustración. El latido sigue, pero el corazón bombea con más fuerza que capacidad. Ese es el retrato de la afición.

Vimos la alineación, la mezclamos con los deseos y esperamos satisfacción. Estábamos convencidos de que el Real Zaragoza iba a estallar al mismo tiempo que los nimbos que ensombrecían nuestras cabezas. Pero se adaptó al clima y terminamos con el limbo sobre nuestras coronillas. Amenazó con nubarrones de fútbol en la primera parte y nos fuimos a casa húmedos del goteo, pero secos de satisfacción. La carpa de animación tapaba el inicio de lluvia, pero no la falta de puntos. Vimos por el campo a Jorge Pueyo, que había comenzado su día de fútbol con paCHAga y terminó de CHAmpions. Enhorabuena. Azcón, que había quedado con Forcén para celebrar su triunfo en las urnas, se acostó más pobre de lo que se levantó y tan raquítico como la simpatía zaragocista por el empresario accionista. Mucho que hacer y trabajar, desde nuestra minoría de progresistas enamorados del León. Ya lo decía Noarranko Popovic. Algunos lo tenemos complicado, pero nos gusta cómo somos y lo que queremos, no lo fácil.

La expectación respondió a las expectativas. El orden de estos factores sí afecta al producto. Jugaron las nuevas incorporaciones, pero atendimos a nuestro defensor más aragonés. Porque El Yamiq fue El Mañic. Jugó en su casa. Tanto se adaptó que incluso le adoptamos algunas de nuestras tendencias de éstas últimas temporadas. Hacía mucho tiempo que no veíamos un gol de cabeza así, ni una forma de defender tan así. Con lo bueno y lo regular de una intensidad que disimula la debilidad de sus acompañantes en el resto de las líneas. Lo echaremos de menos por una sanción tan injusta como el resultado, pero tan acorde con las pulgas de un equipo que la propiedad ha apaleado, atado y adelgazado hasta la inanición. Una directiva sin capacidad de gestión, ni inversión deportiva, más allá de la que busca rentabilidad en el negocio del fútbol basura.

Rubén tiene tanto trabajo como lesionados. Y más fuegos que bomberos. La rueda de prensa nos dejó algunos parecidos y muchas diferencias. Beñat podría haber emparentado con Sellés de no ser por la barba que les diferencia. Resultó divertida la batalla del sonido que se traspapeló en el vídeo de la comparecencia tras el partido escuchando la disputa, con los micrófonos abiertos, entre la prensa y la técnica. El entrenador local salió más arropado que de costumbre, mientras que el vasco ejerció como tal, afrontando una temperatura que no fue tan gélida como la que sufrió en sus carnes el valenciano. Nuestro míster compareció como si se acabara de despertar del sueño de perder la categoría. El remolino del cabello en su cogote reflejaba las vueltas que le dio la cabeza para salir del entuerto de su equipo. O quizás era el producto de una tricotilomanía ante la ansiedad de la situación. Sería por eso que el guiño de su ojo izquierdo en la despedida de la rueda de prensa se percibió como un respiro tras liberarse de ese potro de tortura de las explicaciones.

Los cromos cambian, pero el álbum sigue siendo el mismo. Así no hay manera de completar una colección de resultados para mantenernos a flote. Nos vamos de pesca, sin redes, dos jornadas seguidas lejos de casa. Lo que no es motivo de nerviosismo desde luego. A la vuelta ya veremos si nos quedan uñas que reconcomer sobre los andamios de este club.  El día de los enamorados, dos Leones se disputarán el territorio de la sabana para no caer en el desierto del sudario. Sólo puede quedar uno. Intercambiemos sus bombones por nuestros goles. Luego, nuestra única salida internacional que podemos afrontar desde hace años. Quizás dé para rentabilizar algún trapicheo de baratillo al pasar por la frontera. Más tarde vendrá el Burgos para acabar un mes de veintiocho días. Justo el año que más necesitaríamos que fuera bisiesto de jornadas. Qué largo se hace el sufrir y qué corto dejar de hacerlo. Esto es un sinvivir. Se acerca la primavera que ¡ojalá! el fútbol altera.

 

 

 

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