España honra el fútbol y cancela a ‘Los Picapiedra’

La selección se proclama campeona del mundo con un gol de Ferran en la prórroga y a través de pelota contra una Argentina esclava de la arcaica escuela de la provocación y aislada de Messi

España honró el fútbol en Nueva York, donde se proclamó campeona del mundo por segunda vez en su historia al vencer a una Argentina que se sostuvo en pie hasta la prórroga gracias a una forma de interpretar este deporte arcaica, en parte por un fuerte sentimiento de inferioridad que no disimuló jamás. La selección de Luis de la Fuente nunca entró en el pulso de provocaciones y faltas continuas que le propuso la albiceleste, castigada con la expulsión de Enzo por doble amarilla, y se aplicó en tener la pelota, su mejor aliada incluso en escenarios tan hostiles y de máxima presión. Después de 106 seis minutos de conservar los nervios en hielo pero sin renunciar en ningún momento a su estilo, marcado por el intervencionismo de todos sus jugadores para buscar soluciones y ayudas, encontró un latigazo de Ferran tras a una asistencia de cabeza de Nico Williams que batió por fin a Dibu Martínez. Parecía una cuestión de tiempo que España ganara, pero el tiempo se consumía y los penaltis aparecían amenazantes en el horizonte, más contra un rival que había llegado a este partido a golpe de coraje y remontadas épicas, con Messi, que lo hizo de nuevo, tomando el control de las operaciones en busca del empate. El astro, exclusiva referencia ofensiva de esa Argentina del otro fútbol ya descatalogado por las nuevas tecnologías, quedó aislado por completo de sus compañeros salvo en los minutos de la agonía. Otro trabajo excelente de España, vencedora incontestable de un torneo en el que ha ido creciendo a un ritmo exponencial hasta protagonizar una formidable semifinal con Francia, cancelar el juego primitivo del equipo de Scaloni y despedir a Messi de las grandes citas con el mejor homenaje posible, el triunfo de los buenos.

Cuando llegó el gol de la victoria, se habían ido Rodri, Laporte, Olmo, Oyarzabal, Fabián y Baena, la columna vertebral. Nadie dijo miedo. Debutaron Zubimendi y Eric García, y con todo por decidir entraron también Nico Williams, Pedri, Ferran y Merino. La riqueza de recursos de España resulta abrumadora dentro de un contexto exento de egos y fiel a la naturalidad y ambición silenciosa que ha impregnado De la Fuente, que ha hecho de la selección un coro armónico sin que una voz se eleve sobre la otra pero con una abrumadora sintonía interpretativa. El Mundial ha sido su auditorio. Su debut con Cabo Verde, la única cita que no ha ganado, generó algunas dudas, despejadas frente a Arabia Saudita (4-0), Austria (3-0), Bélgica (2-1) y Portugal (1-0). Francia se le cruzó a las puertas del título. La exuberancia de Mbappé y sus escuderos en la delantera de Deschamps (Dembelé, Olise, Barcola y Doué) era un obstáculo monumental. En lugar de arrugarse, España siguió con pulso firme las directrices de controlar todas las situaciones con la pelota, defensivamente intachable. Pelaron al gallo hasta desplumarlo (2-0), una obra de arte que le permitió entrar en la disputa del campeonato con Argentina. Enfrente tuvo lo que esperaba, un adversario agonizante que se aplicó en intentar decapitar ese fútbol de infinitas asociaciones y futbolistas indetectables como génesis de su identidad tribal. Sin margen para brillar, sobrevoló la sombra constante de la agresividad con inteligencia y educación para levantar la Copa este plantel de sobresalientes colegiales uniformados para ganar y divertir. Para sufrir sin dejar una mueca visible de padecimiento bajo la batuta de oro de Rodri, el impecable delegado de la clase.

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