La risa no cura, pero significa que nos lo pasamos bien. Y si nos divertimos, nos encontramos mejor. La tragicomedia es un género que en la literatura, el cine o el teatro se utiliza como un arte que hace más llevaderas las desgracias o suaviza el exceso de euforia. La vida es así. La sonrisa es sana. Mejora la respiración y nos oxigenamos mejor. Activa y reduce la respuesta al estrés calmando la tensión. La risoterapia es una estrategia o técnica psicoterapéutica tendiente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No puede considerarse una terapia, ya que no cura por sí misma enfermedades, pero en ciertos casos logra sinergias positivas con las curas practicadas. La risa no es sólo una característica de los humanos. Unas sesenta y cinco especies de animales se parten la caja, muchas veces de lo animales que somos nosotros. Primates, ratas, perros y delfines son las especies más cachondas. Quizás porque son algunas de las más inteligentes.
No todas las risas funcionan igual de bien. Una de las sonrisas más reconocidas es la sonrisa de Duchenne, que generalmente se considera como la más auténtica y espontánea. Este tipo de sonrisa implica la contracción de los músculos cigomáticos mayor y menor cerca de la boca, que elevan las comisuras de los labios, y el músculo orbicular cerca de los ojos, cuya contracción levanta las mejillas y genera arrugas alrededor de los ojos. Sin embargo la risa fingida no tiene los mismos efectos que la natural. Hay una sonrisa malévola de venganza que llega a ser tan perjudicial para la víctima como para su portador. Es cierto que la risa es contagiosa, pero es mucho más efectiva para quien la provoca que para quienes la escuchan.
Los zaragocistas hemos ido acuñando diversas sonrisas que llevan arrugándonos la mejilla los últimos trece años. Sonrisas de esperanza al principio y de afición conformada, las más de las veces. Pero se nos está quedando una risa que da pena. Porque lo que vemos y tenemos es de chiste sin gracia. Pagar por sufrir sólo se entiende porque la pasión se impone al disfrute. Y no te enamoras por pasarlo bien, sino por sentir amor. Todas y todos nos hemos casado para vivir siempre con el Real Zaragoza. En la salud y en la enfermedad. En la riqueza y en la pobreza. En el fútbol profesional y en las chabolas de Primera Federación. Sin que la muerte del negocio nos separe. Las críticas a la dirección de este proyecto con envoltorio de beneficio tienen más ironía que dureza. Tenemos una propiedad inamovible que nos avergüenza con su dinero, y que da risa. Salimos del estadio modular con una sonrisa imposible y un estado de ánimo impasible. Vemos en la televisión la comedia de un equipo que tuvo una actuación estelar en Santander, acompañada de un variado repertorio de sainetes en el resto de plazas propias y lejanas.
El partido del sábado con los manchegos fue digno de un grupo de bufones. Va un equipo de fútbol, camino de Albacete, y a los cinco minutos ya nos la meten. Suena tan mal como jugaron. Un conjunto puede ocultar su calidad con intensidad. Pero si no estás concentrado, con falta de aptitud, el desastre es inevitable. Los cambios de Sellés terminaron por cambiar lo poco que funcionaba. Y que o acabó de carburar en los dos últimos encuentros en casa. Quizás sea el momento de convenir que este grupo no tiene margen de mejora con los cambios, sino capacidad de resistir, con lo poco que funciona, tirando de intensidad e intentando algo de rapidez. No va más. La debilidad de una estructura se demuestra al cambiar un pequeño tornillo. No es que lo sostenga todo. Sino que un castillo de naipes se sostiene con la suma de debilidades y se cae al poner una nueva pieza, por mucho más robusta que parezca.
La afición que se desplazó llevaba la ilusión del Quijote, pero tenían que animar a un grupo de “Sancho Panzas” con pocas ganas de correr. La sonrisa torcida nos salió sin querer cuando los seguidores locales nos dedicaban olés y hacían la ola. Algo que no sabemos si el modular resistiría o toleraría, dadas las últimas actuaciones. El encuentro fue de guante blanco y piernas blandas. Sólo un aficionado del Albacete hizo la gracia ante las cámaras enarbolando una bufanda de su equipo con un lema que daba vergüenza propia y ajena. Ahora que Tebas está fichando cazarrecompensas del pirateo, no le debe importar los mensajes de odio y machismo que se enarbolan en las cámaras ante sus narices del negocio. La leyenda que exhibía este joven, ribeteada para más vergüenza, con la bandera de España, reflejaba chulería de señoro casposo contra la igualdad y la dignidad de la mujer. Decía: “El Fary vive, la lucha sigue”. Este personaje que detestaba al hombre “blandengue” no tiene nada que reivindicar, ni lucha que seguir, por fortuna. Pero siguen subsistiendo jóvenes dinosaurios que echan de menos lo que no sufrieron.
Poco hay que reseñar del partido. El grupo de personas vestidas de jugadores no tuvo velocidad, ni ganas, ni colocación. Los chicos ni siquiera son capaces de disfrutar de lo que les gusta. El entrenador se arrepintió a los tres minutos de lo que hizo. Pero los nuestros no sabemos si lo han hecho a estas alturas. La rueda de prensa mostró a un entrenador que, por primera vez, salió de sus casillas. Más con sus palabras que con su gesto. La rueda fue mareante. No sabíamos si Rubén estaba sentado sobre una cinta transportadora que lo movía sobre la mesa o era el decorado el que avanzaba más rápido que sus jugadores.
En febrero puede quedar echada la suerte del Zaragoza. Tres partidos con nueve puntos que son necesidad de ganar o clavos en el ataúd de la derrota. Los aficionados pensamos que lo improbable es imposible. El club nos recuerda que se ha esforzado en conseguir que sea accesible lo impensable. La sonrisa descreída puede ser en marzo una mueca de tragedia. Sólo hay vértigo si percibes la altura del riesgo. Y en este momento hemos endulzado la perspectiva con algo de mejora en el juego, una victoria brillante y no perder del todo aunque no sumemos para ganar lo que necesitamos. No sé cuánto tardaremos en ser conscientes del riesgo vital que intentamos no ver porque no queremos verlo. Quizás el horror al funeral nos impide gritar antes del asesinato futbolístico. Pero Albacete ha servido para destapar el velo que nos habíamos puesto la afición, yo el primero, para ocultar con Sellés lo que no existía, a pesar de sacar zumo de una fruta podrida. Si un equipo es capaz de responder en su crítica situación, como lo hizo contra los albinegros, es muy capaz de seguir paralizado con sus propias incapacidades. La reincidencia es un grave problema de las personas que sufren una adicción. Y el mono de este club por la autodestrucción es terrible. Cuando pensamos que van saliendo de esa droga por descender, y nos damos ánimos de cambio, llega la caída más dura. De la que no se sale.
Sabemos que es un grave problema institucional. De mala organización. De falta de diseño. De ausencia de responsabilidades. De no tomar decisiones. De escasa inversión deportiva. De una dejadez futbolística que sólo está en manos del interés económico del negocio privado. Tantas cosas en tanto tiempo, de tantos, tan poco zaragocistas, que el sábado morimos un poco más. Nos alegramos de sentir algo de pulso en los últimos partidos. Pero si el encefalograma sigue plano, nuestro fútbol es un vegetal. Los refuerzos son necesarios. Veremos si son lo buenos que requiere la urgencia de la situación y un estado de forma que se precisa al máximo nivel desde el minuto cero. El Yamiq nos ha tocado la fibra sensible. Confiamos en que la ultraderecha admita la llegada de un marroquí que nos va ayudar lo mismo o más que el resto de personas que vienen a nuestro país en busca de un futuro mejor. El suyo y el de España. Esperamos que ese dulce defensivo que pide el equipo traiga más glucosa energética que merengue de nostalgia. Del resto, Rober ya se ha estrenado, aunque se ha contagiado pronto del horror manchego. Cumic nos suscita dudas de una efectividad que no estamos para dilapidar. Tenemos ganas de ver al nigeriano Agada y comprobar su fortaleza en un conjunto tan débil. Y Larios, una joven promesa que viene de la mano de Sellés, con recorrido inglés pero frenazo leonés donde fue más Lirios que una pieza original. Y deseamos que el ghanés Mawuli se ponga un sombrero, en este caso un cachirulo, al estilo del famoso nigeriano Finidi. Finalizado el mercado, no va más. Ahora nos quedan tres semanas de febrero para decidir si nos vamos de Carnaval o de funeral camino de un fútbol de ceniza.
Terminó el fin de semana con una sonrisa maña de menos. Se nos fue Esteso y queda Pajares. Un dúo de risa con una historia tragicómica en su carrera. Un gran talento para unas películas sin conocimiento. Hoy nos sacan la sonrisa de la historia viejuna de aquella España que salía de la dictadura y que hoy añoran muchos que se enorgullecen de esa bufanda de El Fary. Entonces el país se adentraba en la democracia. El Real Zaragoza tiene también una pareja sin gracia que sigue de la mano de su íntima amistad. Forcén y Azcón, amigos de bolsillo y corazón, han protagonizado esta última etapa del club. Uno desde los negocios, kioskos y viajes compartidos. El otro privatizando para sus amigos y en plena sinergia con los dueños del Real Zaragoza. Son los protagonistas de esta tragicomedia que sufrimos los zaragocistas. Forcén se ha hecho el hombre fuerte del club más débil. Azcón, que quiere que votemos el domingo sin que se conozca su pareja de hecho con este empresario tan viajero como él. No me extraña que haya adelantado las elecciones antes de que pueda consumarse un desastre que le afectaría en sus expectativas políticas. En fin, Esteso y Pajares, que protagonizaron aquella memorable película “Los bingueros” (Ozores, 1979), han sido sustituidos por esta pareja sin gracia, que ha llevado a la desgracia a nuestro club. En el filme, los dos actores llegan a la conclusión de que el bingo puede llegar a ser la solución de sus males. Aúnan sus esfuerzos, pero ni siquiera así logran rentabilizar su esfuerzo. Pero ya están atrapados por el vicio. Y siguen jugando aunque para ello tengan que recurrir a todo tipo de trucos para lograr el dinero necesario. Si hablamos de fútbol, veremos que Forcén y Azcón son los bingueros del Zaragoza.

