El extremo mete un gol y participa en tres para que el Real Zaragoza sume su primer triunfo a domicilio después de ir ganando 1-4 en el minuto 86 y acabar 3-4 sin Iranzo ni González, tocados, y con Ander lesionado
Cuando el Real Zaragoza se relamía de la inspiración de la zurda de Jaume Jardí y un 1-4 a cuatro minutos para el ocaso del encuentro, el Juventud Torremolinos se puso 3-4 y subió el telón de la tragedia para el equipo de Ibai Gómez al exprimir todo el jugo de dos errores defensivos, uno de ellos de Westerveld. Ander Herrera se había lesionado y Diego González y Rubo Iranzo, tocados, habían sido sustituidos con el 1-2. Esas bajas no impidieron que Jardí siguiera a lo suyo, con un gol de falta espléndido y una asistencia para la cabeza de Saidu que parecían dar el partido por cerrado. Pero esta categoría es un imprevisible circo de los horrores, una sucesión de obras dentro de la principal que impide saber el desenlace final. En gran parte porque los actores no dan la talla, enferman durante la representación o se olvidan el guión. El domador casi se come al león. El espectáculo lo puso Jardí en exclusiva, autor de dos pases magníficos, de córner y en movimiento, de un disparo al palo que pegó en la espalda del portero y entró y de ese lanzamiento potente y preciso, desbordante de calidad. A millones de años luz del catalán estuvieron el resto, con un gran testarazo de Diego González y un buen trabajo de Ademo en su regreso a la titularidad. El triunfo peligró cuando se estaba celebrando, en las lagunas de Barrachina Tachi y el portero, de una línea ahora sí descosida que concedió los remates a placer de Laca y Rodri. Por muy bienvenido que sean los tres puntos, no es de recibo lo ocurrido para cualquier conjunto que aspire al ascenso y menos después de disponer de una ventaja abismal.
Ibai Gómez introdujo cuatro cambios en la alineación. Sentó a Lucas Terrer para que Ademo acompañara a Ander Herrera, sustituyó a los laterales en favor de Sangalli y Pereira y dio continuidad a Jardí. El equipo de César Arzo, que recuperó al eterno Dioni después de pasar hace diez días por el quirófano por un problema cardiaco, le salió respondón, altivo y con maniobras valientes. El veterano ariete, sin ritmo y con kilos de más, dio una breve pero sofisticada lección de clase y confirmó la superioridad local con una diana de cabeza que no subió al marcador tras ser revisada y anulada para alivio de toda la línea defensiva y de un Westerveld que tomó la medida mal a todos los balones. De la nada, martirizado por el rival y por un campo pequeño de arquitectura regional, el Real Zaragoza vio por fin que por las venas de Jardí corría sangre y no horchata. Lideró una diagonal y el tiro que mejor ejecuta fue al poste, luego a la paletilla de Javi Cuenca y acabó entrando mansamente. El futbolista levitó en un estado de inspiración absoluta. En cada truco de magia metía en la chistera un conejo y sacaba un lingote de oro. Los malagueños entraron en crisis al anticiparse Diego González para poner la guinda de un saque de esquina del 11 zaragocista. Una brazo del propio González fue declarado culpable de penalti que tradujo Dioni en el 1-2 antes del descanso.
No veía Ibai nada claro el encuentro. Ni el entrenador ni nadie. Ureña y Saidu ocuparon los lugares de los desaparecidos Vadillo y Pau Sans para darle al centro del campo una superioridad al menos numérica, con Joaquín Delgado solo arriba y por tercera ocasión flotando entre las sombras. Pero la musculatura de Ander Herrera dijo basta y Terrer tuvo que unirse a un triángulo donde sólo Ademo imprimía cierto criterio. El Juventud Torremolinos comenzó a desinflarse físicamente y Jardí reapareció para pinchar el globo con un flechazo y un centro con la derecha que Saidu incrustó con la frente en la portería de Cuenca. De repente, la carpa se vino abajo y en un par de minutos el Real Zaragoza se sintió en la jaula, vulnerable y acorralado, muy afectado por la ausencia de sus torres gemelas, abatidas por las molestias. Le dio justo para ganar, con Jardí elegido tragafuegos de honor mientras sus compañeros echaban gasolina a su exhibición, un partido memorable que le corona como príncipe del balón parado (un bazoka imprescindible en esta guerra de guerrillas) pero que impide contemplar al conjunto aragonés en su globalidad como rotundo aspirante ni siquiera a la quinta plaza si la salud de sus titulares se quiebra.
Juventud Torremolinos, 3: Cuenca; Prevedini, Krug, Grozdanic, Petersson (Diaby, m. 67); Climent (Dorgu, m. 68), Kaptoum, Brandes; Nico (Dominique, m. 28), Dioni y Cristian.
Real Zaragoza, 4: Westerveld; Sangalli, Iranzo (Tachi, m. 72), Diego (Barrachina, m. 61), Pereira; Ander Herrera (Terrer, m. 54), Ademo; Jaume Jardí, Pau Sans (Saidu, m. 46), Vadillo (Ureña, m. 46) y Delgado.
Goles: 0-1, m. 35, Javi Cuenca (pp); 0-2, m, 38, Diego; 1-2, m. 45+ 9, Dioni (p). 1-3, m. 64, Jardí; 1-4, m. 80, Saidu; 2-4, m. 85, Iván Laka; 3-4, m. 88, Rodri.
Árbitro: Joaquín Bejar. Amonestó a Pau Sans, Diego González y Tachi, por el Zaragoza; y a Brandes, Diaby y Rodri, del Juventud Torremolinos. Roja al delegado del Zaragoza Alberto Belsué en el 92.


Mucho trabajo tiene el entrenador, mucho. Los sustitutos de algunos jugadores dejan mucho que desear para una competición como ésta. Y el amigo del entrenador y los dueños del Club, lesionado en el tercer partido. Lo esperado.