El catalán marca nada más quedarse el Cartagena con diez por una entrada imprudente de Jean Jules y resuelve la falta de puntería de un equipo que jugó más fluido sin delanteros y sufrió con ellos (1-0)
Ibai Gómez decidió que era el día de probar sin delanteros y cargó la zona con Ureña para acompañar a Vadillo de falso 9 y a Jardí. Con esa estructura más indetectable en ataque, dio su primera titularidad a Rubén Díez un paso por delante de Lucas Terrer y Ademo y aproximó la defensa a campo contrario para congestionar la salida del Efesé. Le funcionó el experimento al técnico, un tetris de futbolistas con una posición de partida aunque con libertad para descolgarse a zonas donde crear superioridad que el Cartagena, atrapado en esa red, tardó en descifrar. Pero el Real Zaragoza no tradujo en goles la lluvia de ocasiones que generó y en la que participaron con pésima puntería Pereira, Rubén Díez en tres oportunidades, una ellas con el poste como destino, y Vadillo, quien superó a Lucho pero se enredó con el balón entre los pies con la portería desnuda. Esa falta de definición congénita estuvo a punto de costarle muy cara porque su rival llevó el encuentro al área de Westerveld una vez salió del atasco y en transiciones y un córner pudo haberse adelantado, pero ni Ajenjo ni Lohr en la primera parte ni Dacosta ni Ribeiro en la segunda acertaron en sus claros remates.
Hubo que esperar a que a Jean Jules se le cruzaran los cables en una entrada por detrás a Vadillo en el minuto 50 y 60 segundos más para que Jardí rubricara de cabeza una sensacional acción de Ureña para marcar el tanto del triunfo. De extremo a extremo exprimieron la superioridad numérica y sus respectivas calidades para tumbar la fortaleza defensiva del Cartagena, un adversario en todo momento sólido y con el mismo problema que el Real Zaragoza para alojar el balón en la portería. El partido había tenido una velocidad distinta a otras jornadas, más fluida, principalmente por Rubén Díez. La ausencia por problemas físicos de Ander Herrera le concedió la titularidad en el puesto que más disfruta y produce, soltándose de la medular para filtrar (dio un pase bañado en oro a Vadillo) y llegar, bien escudado por Terrer y Ademo en labores de recuperación y corrección. Ibai Gómez tiene ahora razones para reflexionar sobre con qué director suena mejor la orquesta. Más rápido y ágil, sin duda con Jamelli, víctima del brutal desgaste que sufrieron ambos equipos en una cita frenética, a veces errática con notables y pésimas decisiones.
Ibai Gómez comprobó que el encuentro, aun con uno más, se le podía torcer y regresó a lo tradicional con la entrada primero de Delgado y después de Pau Sans, quienes justificaron el porqué se habían quedado en el banquillo de inicio. Su participación, en lugar de sumar efectivos e intimidación arriba, resultó un lastre. Con dos delanteros, el Real Zaragoza perdió el control y a Díez y a Ureña, ambos sin apenas oxígeno el día de sus estrenos en el once. Se quedó solo Jardí, tremendo en su despliegue generoso y en sus detalles, algunos de líder suficiente. Dos goles (o uno y medo) y dos asistencias en Torremolinos y otro en el Ibercaja Estadio para conseguir seis puntos que sitúan cuarto al equipo en la tabla. Ha dejado atrás el catalán la timidez de la pretemporada y de Tarragona y de su zurda brota todo con sentido y potencia en el disparo. Le secundaron cómo no, Iranzo y González, que a este paso de rendimiento y sintonía se inmortalizarán en el museo de las parejas junto a Fred Astaire y Ginger Rogers. Una vez más talaron como motosierra el peligro incluso con el fuego amigo de Westerveld, que los puso a prueba con un par de indecisiones escalofriantes, con el pie y en una salida, después de una gran intervención del neerlandés, un guardameta de los que ponen la carne de gallina a la grada para lo bueno y para lo malo.
El Cartagena no podía tampoco con el alma. De Blassis dio un recital de mediocentro y Dacosta golpeó el riñón derecho del Real Zaragoza y el de Sangalli con varias jugadas de las que hacen mucho daño. Por ese costado, el conjunto aragonés daba señales de flaqueza, por lo que Ibai Gómez sacó a Gabilondo y universalizó a Sangalli, de quien ya había comentado que podía actuar de tenor y de barítono con esos pulmones de acero que le ha regalado la naturaleza y que conserva intactos a los 34 años. El lateral compitió en los diez últimos minutos por el Iron Man del encuentro. Contuvo, cabalgó y apareció por todos los teatros de Broadway en una exhibición actoral que demostró que es un futbolista de otra categoría. No fue fácil el partido. Distinto, alegre y peligroso. Todo lo ilusionante que permite la tercera división, ecosistema al que el Real Zaragoza le va cogiendo la medida con un fútbol más lustroso cuando lo administra Rubén Díez pero sin gol. Para eso está Jardí y diez más para abrazarle.
Real Zaragoza, 1: Westerveld; Sangalli, Rubo Iranzo, Diego González, Pereira (Escudero, m.57); Lucas Terrer, Peter Ademo; Rubén Díez (Joaquín Delgado, m.57) Jaume Jardí (Marcos Cuenca, m.82), Ureña (Pau Sans, m.64) Vadillo (Gabilondo, m.82).
Cartagena, 0: Lucho García; Marc Jurado (Perejón, m.61), Baz, Luca Löhr, Adrián Corral; De Blasis, Jean Jules Mvondo; Toni Villa (Álex Guti, m.61), Ajenjo, Dacosta (Richarte, m.90), Iban Ribeiro (Marcos Moreno, m.76).
Gol: 1-0, m. 51: Jaume Jardí, a centro de Ureña
Árbitro: David López Jiménez (C. Catalán). Roja directa a Jean Jules Mvondo (m.49). Amarillas por el Zaragoza a Rubo Iranzo (m.39) y Rubén Díez (m.56) en el Zaragoza, a Marc Jurado (m.10), Baz (m.18) y Löhr (92)
Incidencias: Partido disputado en el Ibercaja Estadio ante 15.017 espectadores.

