El Real Zaragoza y su fútbol troglodita y sin gol ponen rumbo al descenso frente a un Granada histérico en defensa que marca en la última jugada (0-1)
Habrá algún desvergonzado que todavía cite al Cádiz y rece por su derrota en León contra el colista, pero el Real Zaragoza ha puesto rumbo definitivo en la noche del viernes a Primera RFEF suceda lo que suceda por encima de su cabeza decapitada por otra derrota que le obliga prácticamente a ganar los cuatro partidos que le restan. Al menos tres y que no pierda el otro. Su fútbol troglodita y sin gol, menguante y enfermo, es una losa insuperable para el conjunto de David Navarro por muchos favores que reciba de terceros. No puede ni sabe vencer a nadie. Carece de argumentos y de jugadores, y el mensaje emocional que quiso imprimir el entrenador cuando se hizo cargo del equipo, se ha desinflado por la falta de calidad de una plantilla no apta para Segunda, con un técnico auxiliar sin la experiencia suficiente para gestionar este tipo de situaciones límite en el profesionalismo. Tuvo el triunfo en un remate de cabeza de Dani Gómez que el delantero no ajustó con todo a favor y sobre la bocina, en los pies de Pinilla, quien tras recibir un pase filtrado de Rober regateó a Astralaga y disparó al lateral de la red. De inmediato, en la última acción del partido y con los visitantes con uno menos por expulsión de Jorge Pascual, en lugar de colgar la pelota al área, Mawuli y Dani Gómez tontearon hasta perderla y provocar una contra de Pablo Sáenz para que se plantara ante Adrián y asistiera a Sola el 0-1. Tragicómico. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Ya puede pasar el Real Zaragoza por el sastre para que le tomen las medidas de la mayor catástrofe de su historia, seguramente el mismo modisto que viste a Jiménez de Parga y Gil Marín aunque en la trastienda, con los retales sobrantes. Porque este club es un fragmento infinitesimal de la preocupación de sus propietarios fantasma.
El encuentro del Real Zaragoza, con la vida en juego, fue una parodia, un recital constante de pésimas decisiones, entre ellas la presencia en el campo de futbolistas que deberían estar con el recuperador, en la camilla del fisioterapeuta o de baja. Otros, en un curso de tecnificación. Todos, en el diván del psicólogo. Navarro dio la titularidad a Kodro y Sebas Moyano. El bosnio no puede con el alma, y el mediapunta hace tiempo que la perdió. La otra novedad en la alineación correspondió a Adrián en lugar del sancionado Andrada, quizás el único que estuvo a la altura en un partido de bajezas. A Francho le regalaron un gol, pero el capitán se entretuvo en las dudas de su castigada rodilla y disparó inapetente de fuerzas al cuerpo de un defensor… Saidu participó sin vacunar en un doble pivote demencial, sobreexcitado, como El Yamiq e Insua, que patearon lo más lejos posible el esférico sin piedad ni dirección para intentar esconder sus limitaciones al ser presionados. Dani Gómez, enrabietado e impotente, estuvo toda la noche cargándose de faltas y empujones. Lo de Aguirregabiria y Larios como pasadores y laterales superó el esperpento que no pudo remediar un Rober sombrío. Navarro en la banda asistió al terrorífico espectáculo, que también es suyo, pálido sobre la montura de una empresa que le ha venido grande por muy pequeño que fuera su margen de maniobra, reducido a sermones y arengas que el viento de la realidad ha arrastrado a un estado delirante.
Parecía un once ofensivo, y lo fue por denigrante. Si había un adversario ideal para reponerse aunque fuera con un triunfo poco noble, ese era el Granada. Su portero, Astralaga, y sus centrales, Diaby y Diallo, fueron los mejores del Real Zaragoza. El relevo de Luca Zidane, un manojo de nervios, hizo de todo para facilitar la victoria de los locales, al igual que sus compañeros, que cometieron todo tipo de errores por suficiencia. El Albacete le había metido cuatro y los mismos el Almería. Sin Manu Lama, el conjunto andaluz es un coladero, pero en el Ibercaja Estadio se encontró con un contrincante sin capacidades rematadoras que, al igual que en Huesca, volvió a quedarse sin marcar. La histeria del equipo de Pacheta, que apenas inquietó a Adrián en un lanzamiento de Trigueros, tuvo como respuesta a un Real Zaragoza neurasténico, descreído, acobardado y sin absolutamente nadie al mando. Los nazarís se llevaron los tres puntos sin querer, en inferioridad, con una escena final que no entraba en su guion y que baja el telón del club aragonés en el profesionalismo para tragedia de sus aficionados más veteranos. No para sus dueños, que promocionarán el próximo verano que ‘Sí se puede’ subir a Segunda. Seguramente con el aplauso de quienes se lo han dado desde la prensa –más canalla que nunca–, los gobiernos vasallos y la grada imberbe mientras este bochorno se veía venir de lejos. El Cádiz puede dormir tranquilo. Si acaso mirando de reojo al Huesca y al Mirandés.
0. – Real Zaragoza: A. Rodríguez, Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Rober, Francho (Pinilla, m 86), Saidu (Mensah, m. 70), Sebas Moyano (Guti, m. 70); Kodro (Cuenca, m. 70) y Dani Gómez.
Gol: 0-1, m. 90+8, Sola.
Árbitro: Manuel Angel Pérez Hernández. (Comité Madrileño). Mostró tarjeta amarilla por parte del R. Zaragoza a Aguirregabiria, Saidú, Insua; y por parte del Granada a Trigueros, Willians, Pacheta (Entrenador), Alcaraz, Lemos, Sola,y roja directa a J. Pascual en el minuto 90+4.

