La frustración puede llevar a la violencia. Pero si esta se produce, la responsabilidad de su incapacidad de gestión, a través de otras vías, es siempre del agresor. La hipótesis de la frustración-agresión es una teoría de la agresión que se desarrolló por varios psicólogos a lo largo del siglo XX. En resumidas cuentas, este postulado nos dice que la agresión es el resultado de bloquear o frustrar los esfuerzos de una persona para alcanzar un objetivo o su meta. Curioso que ya se empezara a hablar de las metas (o los metas) en aquella definición. Originalmente, este grupo de investigadores fue llamado el grupo de Yale, quienes expusieron su teoría en el libro Frustration and Aggression (1939). De acuerdo con ellos, la frustración sería la emoción que surge cuando algo que nos habíamos planteado no se cumple. La agresión es definida como un acto cuyo objetivo es el de dañar a otro organismo, ya sea de forma física o emocional. Cuando algo nos causa frustración nuestro cuerpo tiene la necesidad de liberarla o solucionar aquello que la ha causado. Sin embargo, si esto no es posible, se acaba liberando por otros medios, siendo la agresión uno de ellos. La impotencia multiplica la capacidad de frustración porque deposita la responsabilidad en el titular de la incapacidad. Ninguna de esas explicaciones sirve de justificación, sino que refuerza la culpabilidad de la inexistente estructura de lo que llegó a ser un club de fútbol. Porque el puñetazo de Andrada no salió de su cerebro, sino de la falta de sentido de tantos secuestradores que se han apropiado del escudo del León. Ese ataque a Pulido también es una agresión a la afición y a la trayectoria de este club. Un atentado al deporte. A la dignidad. Por eso la trazabilidad del brutal golpeo al pómulo del jugador rival también tiene rastros de identidad con trece años de historia a través de Agapito, Forcén, Aguilar, Más, Azcón, Chueca y de tantos vividores que se aprovechan del fútbol para su negocio de votos, y de los botas del fútbol para sus negocios privados. Todos, y muchos más, estaban cosidos al guantazo del cancerbero. Ellos pegan sus pelotazos y nosotros los pagamos y nos la pegamos. El riesgo es que algunos seguidores maños se agarren a los supuestos merecimientos de la provocación, y al arbitraje, para descargar su propia frustración con un jugador rival marrullero y con un colegiado que pitó a la velocidad de la luz un segundo penalti que nadie detectó con tanta agilidad. Ni siquiera el VAR se atrevió a contradecir la firme autoridad que sentenció al equipo blanquiazul. Algunos mirarán la mano de Andrada y al silbato de Arcediano, pero el problema está en la Luna de las propiedades desapropiadas que sufrimos. Tenían más dignidad los tres mecánicos secuestradores zaragozanos de Quini, que ahora recordamos en la brillante serie “Por cien millones” (Nacho G. Velilla, 2026), que los que hoy retienen amordazado con sus cadenas del negocio a nuestro equipo. Los trileros del club intentarán utilizar todo el despropósito en el final del encuentro para desviar el foco de donde siempre debió estar. De ahí la curiosa ofensiva que ayer lanzaron en redes desde las oficinas de Eduardo Ibarra, en una campaña de queja ¿ahora? sobre los arbitrajes.
Los psicólogos deportivos nos desgañitamos con niñas y niños (y padres y madres), para asumir el control de la gestión de la frustración. Y van unos supuestos profesionales y enseñan a las criaturas de todo el mundo, lo que no debes hacer. Gracias por esta clase pública de violencia en la que personas adultas serán el ejemplo más perjudicial para este deporte. Se debe tratar este tipo conductas con la misma contundencia que si ocurrieran en la calle. Esos puñetazos fuera del campo llevarían a comisaría y a sentencia penal. Y como trabajadores de una empresa, sería despido procedente que nadie cuestionaría. Si no se responde así, seguiremos viendo los campos de fútbol como un territorio sin ley, donde se “comprenden” estas barbaridades que siguen ocurriendo, por desgracia de forma habitual, ya que se consideran espacios ajenos y diferentes que funcionan con otras normas y leyes de las que se aplican en la vida diaria. Algo que seguimos constatando a diario con el público y las familias que acuden a animar en los partidos que disputan cada fin de semana miles de niños en Aragón.
Es absurdo hablar de fútbol porque hace ya muchos años que este deporte ya no está con nosotros. Términos como intensidad, profundidad, combinaciones, definición, marcajes, eficacia y contundencia son palabras de un idioma que nunca habló en el campo el grupo de Navarro. Este equipo sólo se expresa por señas contradictorias. Una partida de guiñote lleva más comunicación que un encuentro de los nuestros. Se comunican con las manos porque no saben hacerlo con sus pies. Bueno, Tasende sí que lo intentó dando una coz fuera de tiesto para sumarse a la rebelión de los incapaces. Como Andrada era el único que iba equipado para el boxeo, decidió actuar con su puño en: “tu cara me suena”. Por otra parte, la respuesta de la carga de caballería del portero local contra los visitantes convirtió a los dos porteros en auténticos potreros. La frustración de la ofuscación, en el caso del argentino y la respuesta tribal de manada de Dani Jiménez. El caso es que, en una semana, Aragón ha sido protagonista de la vergüenza propia y ajena por un doble motivo. Primero, la imagen de la agresión en el campo de fútbol, y segundo, por el pacto de la ultraderecha de Vox y la derecha del PP. Tanta exclusión y agresión, dentro y fuera del fútbol, puede que tengan algo que ver. Desde luego algunos de sus responsables salen en los dos escenarios.
Lo bueno de ver a otros equipos que estaban peor que nosotros es que se puede observar las diferencias de competitividad para saber quién se juega algo. Hace una semana el Mirandés sufrió un arbitraje que no le ayudó. El domingo la Cultural perdió de forma discutible con la expulsión de un jugador durante buena parte del encuentro. Pero ambos lucharon y tuvieron ocasiones como si les importara salir del fondo de la clasificación. Nada que ver con lo que ocurrió en el Alcoraz. Salvo el remate de El Yamiq, ni un tiro con algo de interés. De no ser por la tangana final vimos un partido de pretemporada entre un equipo local con pocos recursos y los visitantes con pocas ganas y menos capacidad. Esto se ha convertido en un guion habitual en los últimos partidos de Navarro. Los gestos de David lo dicen todo. Vimos a un revoltoso de los nuestros, en sus primeros partidos, y desde que se ha vestido con la equipación oficial para dirigir los encuentros, no es el mismo. Está triste, sin energía, mira los partidos de lejos y ya no gesticula. Dice lo que no piensa porque piensa lo que no puede decir. Este club vampiriza todo lo que toca y convierte en zombis del fútbol a protagonistas que llegaron con aires de autonomía. Ni aliento de la afición, ni incentivo, ni ganas de morir matando (un absurdo de frase para quedar bien que no conduce a ninguna parte). Con lo que vimos en la tarde del domingo, Aragón abandonará el fútbol profesional. Sin remedio a la vista, podríamos sumarnos en breve a Extremadura, La Rioja y Murcia. Enhorabuena a tantos que han trabajado con ahínco estos trece últimos años por hacerlo posible.
El Real Zaragoza tiene metástasis. El tumor de los negocios ha hecho enfermar el cuerpo futbolístico. Se han extirpado órganos y entrenadores como si no hubiera un mañana, sin obtener apenas una ligera mejora inicial. Se han comprado medicamentos inútiles en la farmacia de invierno, que salvo la “Robercina”, no han servido de nada y puede que ni siquiera los acepten en el cubo del reciclaje de la botica. El cáncer se ha ido extendiendo por todos los órganos de una estructura que sufría de aluminosis en un organigrama que estaba más pendiente de las cotizaciones de sus negocios que de un encefalograma que ya se mostraba plano. No hay nadie que meta gol, sólo meten la pata, que no la pierna. El meta Andrada, al parar el penalti, provocó el éxtasis de la afición. El final del meta, reflejó la metástasis del club.
El instinto de supervivencia nos encomendó a los canarios que cerraban la jornada. Idiakez fue nuestro Idiakez y el Cádiz el de las siete últimas jornadas con derrota. Las cuentas de la lechera nos dirán que el próximo lunes saldremos del descenso tras las derrotas de los tres equipos que nos anteceden. Animaremos a la Cultural, al Racing y al Almería. Si lo hacemos será por un buen motivo: una victoria que echarnos a la boca de la realidad. Por pedir que no quede. Ahora, si hablamos de juego y de rasmia, no hay signos vitales en un cuerpo tan débil que no deja hueco para las alegrías. Claro que estos jugadores de tan pocas revoluciones son capaces de ejercer de revolucionarios y ponerse a currar justo el Día del Trabajo, y en horario nocturno. Así que, frente al Granada ¡viva el Primero de Mayo!


Sr. Mendi, creo que debería limitar sus análisis a lo estrictamente futbolístico, que a mi juicio son muy interesantes, pues las alusiones a temas politicos (como el pacto PP-VOX) tan alejados del ámbito deportivo, no vienen a cuento. Los aficionados al fútbol, al deporte en general, no deberían dejarse llevar por ideologías políticas sean del signo que sean.