Que la tragedia se limite a una pérdida de categoría

Que ninguno de los integrantes de este Real Zaragoza irreconocible e irritante tenga que despertarse a medianoche como Rober temiendo por su seguridad y la de los suyos. Esa es la salvación que corresponde ahora y siempre

No son muchos, pero son manada, lo que no es poco. Y ya se sabe que cuando el ser humano se reúne junto al fuego de sus instintos más primitivos, en el aquelarre deja que su instinto animal fecunde su juicio. El Real Zaragoza se va a Primera RFEF. Es una tragedia deportiva y social y los aficionados, no pocos entre lágrimas, ya han manifestado, y seguirán haciéndolo, su dolor, frustración, desencanto e ira civilizada. El fútbol es un hermoso jardín que crece sobre una cantidad considerable de estiércol. El último en descubrirlo ha sido Rober González, víctima junto a su familia del salvajismo de los parias del deporte y sobre todo de la vida. Han asaltado su hogar e intimidado a sus seres queridos en un lugar en el que es feliz pese a la situación del equipo y no poder aportar lo que le gustaría. En es punto cardinal tantas veces visitado donde las bestias aprovechan para manifestarse no existe ni el amor a unos colores ni el sentimiento de pertenencia, sólo una eclosión canalla para aplicar la justicia bárbara, que se amamanta de agresividad, estupidez e incultura. El descenso, al final, es una anécdota frente a escenarios inadmisibles que, hay que decirlo, se contemplan por algunos sectores desde la normalidad cínica, bendiciendo a ese grupúsculo de descerebrados como grades garantes de la propaganda del sentimiento hacia un club.

El ataque físico a Rober y a cualquiera persona es un delito y debería castigarse dentro del marco de la justicia ordinaria si se localiza a los autores, no demasiado distantes a los que directivos, miembros del cuerpo técnico y futbolistas prestan sus simpatías y acuden a pedir perdón, dar explicaciones o celebrar victorias. Lo ultra ha encontrado desde hace décadas en el fútbol una atmósfera ideal para expresarse y desarrollarse como bien sabe el propio Real Zaragoza como diana del terrorismo verbal en algunos campos. El anonimato es su blasón y su espada, la cobardía. Pero esa vileza reside también en el salón de casa. La prensa juega un papel primordial en todos los ámbitos, y en este especialmente como herramienta de denuncia constante e intolerante contra estos energúmenos y en defensa del civismo. A veces ocurre, pero en ocasiones ese ramalazo extremista todo lo contamina. Por ejemplo en el caso Andrada. Sancionado con 13 partidos por sacudirle un puñetazo a Pulido, el portero sigue entrenando como uno más, con el escudo en su ropa de trabajo, sentado en la grada del Ibercaja Estadio y haciéndose cual héroe selfis de admiración. Después de una condena generalizada por su acción en El Alcoraz, por un lado se ha hecho el silencio institucional y por otro se ha criminalizado al central de Huesca por su fama provocadora. La desvergüenza no tiene límites.

Nadie, absolutamente nadie, puede ser blanco de la violencia en todas sus formas aunque el fondo tenga siempre el mismo material. Que el Real Zaragoza sea penúltimo y prepare las maletas para el viaje fuera del fútbol profesional corresponde a una gestión global con epicentro en sus avariciosos y falsos propietarios. Malos directores generales, malos directores deportivos, malos entrenadores, malos jugadores y una tendencia a la destrucción en los últimos años que no se ha tomado como escuela de aprendizaje. La condescendencia del entorno por interés o ingenuidad y el bobo fomento de la aragonesización integral de la entidad no como elevación del profesionalismo sido del amiguismo han jugando un papel estelar en el derrumbe. Nada va a cambiar en un porvenir que se antoja terrible, pero algo debería hacerlo de inmediato. Que ninguno de los integrantes de este Real Zaragoza irreconocible e irritante tenga que despertarse a medianoche temiendo por su seguridad y la de los suyos. Esa es la salvación que corresponde ahora y siempre: exterminar a esos vampiros de los estadios y de la calle y que la vida fluya con sus alegrías y sus tristezas. Que la tragedia se limite a una pérdida de categoría.

Pintadas en la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza. Foto: InfoCalleZaragoza

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *