Sanllehí puede haber ofrecido dos temporadas más a Torrecilla

La continuidad de Miguel Torrecilla al frente de la dirección deportiva del Real Zaragoza ha levantado una polvareda considerable de rechazo entre la afición, que contempla su gestión como una sucesión de decisiones nefastas para el club. Aunque no se haya hecho oficial la renovación de su contrato, que finaliza el próximo 30 de junio, el ejecutivo, quien ya comentó a sus círculo más próximo que seguiría en el cargo, se da por hecho que permanecerá al frente del puesto. Su comparecencia en la presentación de Juan Carlos Carcedo, la indicación del director general en el mismo acto señalándole como «nuestro director deportivo» y las operaciones de futuro que está realizando en la configuración de la plantilla para el próximo curso confirman que la nueva propiedad cuenta con sus servicios.

La gran novedad sería que Raúl Sanllehí no sólo le ha propuesto que le acompañe durante esta campaña en la reconstrucción del equipo, sino que le ha puesto sobre la mesa una nueva relación contractual por dos años, hasta 2024. Miguel Torrecilla, quien llegó al club de la mano de Luis Carlos Cuartero en mitad de una de las mayores crisis deportivas y económicas del club, fichó a Juan Ignacio Martínez en busca de lo que parecía un milagro en ese momento, una salvación que se consiguió gracias a la personalidad conciliadora del técnico en un capítulo de máxima tensión y a la irrupción de los canteranos, que no entraban en el guión de ambos.

En el apartado de entrada y salida de futbolistas, Torrecilla se ha ganado a pulso una merecida mala fama. Apostó por Álex Alegría para solventar la falta de gol del ejercicio 2020-2021 y el delantero metió un gol para ser desplazado por el joven Iván Azón. Peybernes, un central raso, y Sanabria, un centrocampista ofensivo con poca chicha, fueron sus otros adquisiciones en su primer mercado de invierno. De los diez jugadores que trajo entre la ventana de verano y la de invierno, sólo han destacado Fran Gámez y Jaume Grau, con otro acentuado fracaso por reforzar la zona atacante. Las cesiones de Álvaro Giménez, Nano Mesa y Borja Sainz han servido para muy poco, y las apuestas por un Petrovic en el ocaso y Vada, pese a los siete tantos del argentino, tampoco han sido productivas. Lluís López ha quedado retratado con un central blando y de lentas reacciones, mientras que Eugeni se ha desinflado sin físico pese a que JIM insistió en darle galones.

Su negociación más catastrófica, después de una polémica (aunque necesaria) limpia de los totem del centro del campo y las irregulares formas de plantear en las cesiones de Carbonell y Clemente, la realizó en la captación de Sabin Merino, un goleador sin gol que no ha conseguido un solo tanto. Su apuesta faraónica consistió en tres años de contrato y un sueldo cercano al medio millón de euros, inversión que le empujó a incumplir su promesa a Francho y Azón de entregarles dorsal de la primera plantilla, manteniendo sus sueldos al más bajo nivel de la plantilla. Su currículum da para una carta de despedida agradeciendo los servicios prestados, pero va a continuar, y muy posiblemente dos años más.

 

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