Somos dueños de lo que no nos pertenece, al mismo tiempo que otros se apropian de lo que no es suyo. La familia es nuestra, pero no somos sus propietarios. La independencia no está reñida con el amor. Ni la dependencia con la autonomía. Si los sentimientos se imponen a las emociones podemos compatibilizar la necesidad con el deseo. Pero si los instintos emotivos se apoderan de los aspectos sentimentales, nos enfrentamos al riesgo de que lo irracional dirija nuestra conducta. Las parejas se entregan, se aman y se separan. Porque el amor es eterno mientras dura. Hay felicidad y dolor, con independencia del tiempo que se comparte. La convivencia se basa en compartir sin poseer. El maltrato comienza cuando el hombre se considera amo, y su pareja se rebaja a una mera posesión. Los humanos hemos crecido en una sociedad en la que sólo vale tener, pero importa muy poco ser. Algo que explicó con brillantez el psicólogo Erich Fromm en el libro que publicó en 1976.
Nos importa tanto el fútbol y el Real Zaragoza, ya que a nadie nos ha interesado demasiado lo ocurrido en el partido de fútbol que se celebró el pasado sábado en el estadio modular. Lo que vimos en el césped fue una consecuencia de lo que hemos vivido en los últimos años de este club. La pelota rodaba cerca de Juslibol, pero las miradas se centraban en el ocaso de un León anestesiado con dardos de negocio y envenenado con píldoras de beneficio egoísta. La atmósfera del equipo carece de oxígeno futbolístico. En Andorra jugaron sin el depósito de la actitud y este fin de semana se notó la ausencia de aptitud. Sin emoción ni motivación no es posible competir. La cita del grupo, sin concentración previa, ya anunciaba que la quedada pintaba mal. Sobre todo porque sin pintura, ni brochas es difícil dibujar algo con sentido. Jugaron por compromiso y fueron entrenados sin él. ¿Qué podía salir mal?
Las protestas están más interiorizadas que exaltadas. Que no se engañen quienes ven poca queja ante semejante provocación. El palco modular fue el objetivo preferente de las miradas de rabia de la afición. La frustración se incrementa porque es difícil manifestarse ante fantasmas que siempre están pero que nunca aparecen, cuando sabemos que los responsables ni siquiera se sientan en sus butacas. Quizás haya pasado el momento de las soluciones y sigamos en el de los remedios. Se imponen cambios de tinta de calamar para que no se vea el pulpo que quiere seguir captando con sus tentáculos el tesoro que han hundido. Es imposible confiar en que nos rescaten los piratas que nos han hundido, tras llevarnos con sus sables del negocio al nido de tiburones del que forman parte.
Llega Lalo de director deportivo y David Navarro será el entrenador de cercanía. El único míster que ha ganado la totalidad de partidos que ha dirigido en el banquillo blanquiazul… Han echado a Sellés los que lo trajeron. Despiden a Indias los que lo contrataron. Y siguen mandando los que nos están matando. Son los propietarios. Esa palabra llena de anonimato cobarde que los define: la propiedad. Los que siempre han estado y quieren seguir mandando. A toda costa, porque su amor por el dinero es el único amor verdadero. Juan Forcén es un veterano de la desgracia zaragocista que cuenta con el respaldo personal y político del presidente en funciones de Aragón, Jorge Azcón y de la alcaldesa, Natalia Chueca. Es, en realidad, el nexo de unión entre los dos momentos más negros de la historia zaragocista al protagonizar el cambio de la época oscura de Agapito Iglesias con la de la nueva propiedad, pasando por la Fundación del fallecido Alierta. La otra persona que ha seguido esos mismos pasos de continuidad es el que fuera director general, Juan Carlos Cuertero. No es casualidad que ahora, de nuevo, Cuartero y Forcén, Forcén y Cuartero, sean los que pretendan pilotar un giro. Quizás desean que el volantazo sea espectacular para la afición, pero que termine siendo de 360 grados para acabar con los mismos dueños adornándose de collares diferentes.
Si el problema es la propiedad, la única solución pasa por un cambio en la misma. Y esto es la línea roja de la actual alianza que desgobierna este club y los apoyos políticos y mediáticos que hoy lo dirigen en el teatro de sombras que nos enseñan. El modelo del fútbol nos lo cambiaron porque nos embelesaron a los aficionados con una liga de las estrellas que no tenía precio ni límite. Resulta que sí lo tenía. Nos obligaron a convertirnos en sociedades anónimas deportivas para sobrevivir económicamente en un mundo futbolístico de deudas y fichajes astronómicos que se financiarían con los derechos televisivos de la Liga de Tebas y nuestro vasallaje como meros siervos del sistema. De aquella norma sólo se aislaron cuatro equipos. Los dos grandes ricos sustentados por presidentes abusivos y abusones respaldados por capitales y empresas de su propiedad que controlan el negocio de este país desde sus palcos como son el Barcelona y el Madrid. Se sumó a ellos el Athletic Club de Bilbao que preservó su identidad también en lo deportivo con su peculiaridad territorial y un cuarto más modesto, el Osasuna, que ha conseguido mantenerse en la élite del fútbol preservando el control de sus socios.
No es fácil en el mundo del (negocio) fútbol tener un perfil propio que prime a la afición por encima del dinero. Sea de la preferencia cooperativa entre sus socios al margen de empresas o fondos de inversión. O por valores sociales y de igualdad que echamos de menos en el fútbol de masas. Hay clubes que siguen siendo un ejemplo en este tema. El famoso St. Pauli con ese perfil democrático para sus aficionados está jugando en la Bundesliga, la máxima categoría del fútbol alemán. El Livorno de Italia, el Celtic de Escocia, el EC de Bahía en Brasil o el Red Star FC de París son otros ejemplos variados de que no está reñido el fútbol con el compromiso y el protagonismo de la afición.
¿Qué podemos hacer entonces para cambiar al dueño que es propietario de un club que nos pertenece? Si sabemos responder a esta cuestión y formular una alternativa estaríamos en disposición de afrontar un verdadero giro a la situación por la que atraviesa nuestro Real Zaragoza. La cuestión es compleja porque se trata de intervenir en la esfera privada pensando en un interés amplio que cuenta con un seguimiento masivo. Pero tampoco podemos hablar de un interés general. A pesar de ello el fútbol cuenta con un fuerte respaldo de las administraciones públicas, debido a su influencia social y electoral. En este tema la situación se parece al apoyo que recibe la Iglesia católica del Estado, por ejemplo, a pesar de tratarse de una opción privada que sólo debería competir a los fieles de cada creencia. El gobierno de Aragón está ayudando al Real Zaragoza con el nuevo estadio y acaba de comprar el campo del Huesca para apoyar al equipo oscense. No tardaremos mucho en ver esa compensación también en Teruel. Pero claro, esas alternativas de intervención pública son muy limitadas aunque están bien vistas por todas las partes. Permiten el control privado y se benefician de los apoyos públicos para subsanar las deudas de los clubes profesionales. Es el modelo liberal que quiere la intervención de lo público, para cubrir las pérdidas, pero sin que peligre el beneficio privado. Yo así también arriesgo mi capital. No olvidemos que, en su día, se llegó a expropiar por parte de su ayuntamiento, por un supuesto interés público como bien común, un club de fútbol histórico como el Recreativo de Huelga. Pero la Justicia tumbó ese acuerdo en sentencia judicial. Esa vía no parece probable en nuestro caso. Se habla de Aragonesizar el club, o Aragonizar, sin que cambie la propiedad. ¿Eso no será agonizar? La venta o cambio de titularidad es imprescindible. Pero sólo vende quien quiere, aunque haya muchos que quieran comprar. Para eso sería mejor que la participación pública en los clubes de fútbol profesional (y otras disciplinas) fuera directa y transparente en el propio accionariado. Al menos los aficionados y socios estaríamos representados como ciudadanos, ya que nuestra capacidad accionarial es mínima. Todo esto requiere de una transparencia que sería inasumible para los vividores del negocio futbolístico. Pero al menos, sería una forma de actuar con claridad, con todas las consecuencias, desde la esfera pública en este sector tan privatizado. Todo un debate en el que los progresistas nos hemos puesto a menudo de perfil, por un exceso de prudencia mal entendida que ha favorecido aquello que se quiere evitar. Hay otras alternativas más tibias. La actual legislación en materia futbolística permite poner en marcha una nueva vía, hasta ahora inexplorada, para cambiar la titularidad y dar más protagonismo a los socios y aficionados en detrimento de los meros propietarios-inversores. Me refiero a la constitución de una fundación deportiva con estructura societaria, que permitiría combinar una finalidad sin ánimo de lucro y con interés social con la eficacia profesional de una estructura organizativa. Pero la situación requiere más contundencia que benevolencia. Ha llegado el momento de decidir sobre el presente del Real Zaragoza. Solución o absolución. Esa es la cuestión.

