Una categoría menos en Canarias

El Real Zaragoza empata en Las Palmas (1-1) –el 3-0 del Cádiz ya le sentenciaba–y después de 13 temporadas en Segunda abandona el profesionalismo con el estreno de Marcos Cuenca como goleador

En un partido que jugó sin presión alguna, suelto, como, y sin el como, la temporada ya estuviera resuelta, el Real Zaragoza perdió otra categoría más desde que descendiera a Segunda hace 13 años. Tuteó al Las Palmas mientras Lucas Pérez marcaba para el Cádiz contra el Leganés (ese partido finalizó 3-0 para salvación de los gaditanos), gol que ya le enviaba a Primera RFEF hiciese lo que hiciese contra el conjunto de Luis García. Fue un equipo aseado, con un trato con el balón más que correcto y manejando la tensión y la incomodidad de su adversario, necesitado de tres puntos que le aseguraran el playoff y sin el futbol guasón que le caracteriza de mediocampo hacia arriba. Era un equipo ajeno al descenso que se le venía encima. Se llevó un buen susto en un misil de Estanis que estalló en el palo izquierdo de la portería de Adrián, pero conservó cierto dominio de la situación, sin inmutarse quizás porque la sangre se le había helado hace mucho tiempo. Compitió sin amenaza alguna, sereno en su funeral, en ningún momento pendiente de sufrir un marcador escandaloso que ensuciara aún más si es posible su despedida del profesionalismo.

Pero ya se sabe que este equipo, aunque disfrace sus limitaciones, se ha ido al pozo porque carece de altura suficiente para ganar. También de altura física. Un balón centrado por Manu Fuster ante un Saidu muy blando sobre la línea de fondo le vino grande a los 1,70 de Larios, lo que aprovechó Miyashiro para anticiparse de cabeza al lateral, rematar al larguero de cabeza y que Jesé recogiera el rechace. En el minuto 41, con poco en ataque y una mala tarde, el Las Palmas fue otro de los beneficiarios de la broma defensiva que es el colista aunque no lo parezca en la forma por un día. Aunque David Navarro recuperó a Kodro para la doble punta junto a Dani Gómez, el primer disparo del Real Zaragoza no llegó hasta bien avanzada de la segunda parte, un derechazo de Sebastián, su lateral derecho, que reventó el larguero. Fue un aviso de lo que vino después, el estreno anotador del perseverante canterano Marcos Cuenca, el mejor entre los peores, que lo celebró como una victoria personal. Un gesto humano comprensible aunque fuera en el camposanto.

El Las Palmas, con una pájara importante que casi soluciona Guti con una pérdida en la frontal que Adrián remedió con una monumental parada ante Jesé, perdió los nervios, angustiado porque se le escapaba la oportunidad de rubricar su presencia entre los seis primeros. En esos minutos de descaro zaragocista, ocurrió lo de siempre cuando los aragoneses pisan el área. Kodro, a portería vacía, lanzó la pelota al lateral de la red. Poco después, un centro de Cuenca se envenenó hasta contactar en el poste… El triunfo no hubiera servido para nada. Ahora se abren de par en par las compuertas para las lamentaciones, limpiar por completo de polvo y paja la plantilla y visitar la Primera RFEF en una campaña histórica por patética. Con Cuenca besándose el escudo como un loco en un ejemplo de cariño y profesionalidad del que tomar ejemplo sin poesía alguna.

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