El cierre del campeonato trae un partido donde la ira y la tristeza inundarán las gradas con la afición divida si embestir contra todo, con unos daños colaterales laborales de fondo que no pueden pasar desapercibidos
El martes se reunirá, seguramente vía telemática, el consejo de administración para tratar el descenso del Real Zaragoza, promover algunos cambios en nada sustanciales en la cúpula y en la sociedad, volver a redactar una nueva biblia de falacias en cuanto a un futuro de compromisos y grandezas y, sin duda, dinamitar al menos a un centenar de trabajadores con la excusa del daño colateral, de una economía que tiene readaptarse a la mengua de ingresos en Primera RFEF. Cuatro años de gestión de la multipropiedad para acabar fuera del fútbol profesional y liquidando las nóminas de los más débiles. Con dos genios como Jorge Mas y Juan Forcén erigiéndose de nuevo en patriarcas del accionariado, de la permisividad de la sociedad mixta Nueva Romareda en los plazos de pago en la construcción del estadio y de un ignominioso rescate de la DGA. El club ha entrado en barrena y nada indica que algo vaya a mejorar a corto plazo. Posiblemente tampoco a medio porque el regreso a Segunda se está sembrando sobre la misma tierra quemada e idénticos jardineros.
El campeonato dejar caer su telón este domingo (18.30) con un partido que no importa lo más mínimo a nadie en esta ciudad. El Málaga viene al Ibercaja Estadio a por una victoria que le asegure su presencia en el playoff y se la llevará del campo donde nada menos que 16 equipos han puntuado. David Navarro apeló a cerrar la temporada de pie, con dignidad, mientras Lalo Arantegui le pasa por los morros en la Ciudad Deportiva a Ibai Gómez, el futuro entrenador, un gesto de muy mal gusto. Que sean mostradas las instalaciones de la carretera de Valencia como si fuera un pueblo fantasma arrasado por un tornado o un ensayo nuclear no fue descubrimiento alguno para quien las está visitando desde 1974, pero esas imágenes captadas con premeditación y alevosía representan toda la verdad y nada más que la verdad de un entidad abandonada. La Academia que prometió Jorge Más, una fábrica de talentos que sería la envidia nacional, es una postal perfecta de Chernóbil. La joya de la corona de todos los clubes que controlan los diferentes inversores, militará en Tercera, un puesto de bisutería barata.
La afición lleva toda la semana, desde que se confirmó el descenso en Las Palmas, dándole vueltas a qué hacer para manifestarse con rotundidad. No hay señales de un movimiento organizado porque ha sido tal la ira y la tristeza acumulada entre la hinchada que ha parecido paralizar cualquier gesto de protesta. Vaciar el campo de zaragocistas y dejarlo sólo para los seguidores del Málaga fue un tímida iniciativa. Se supone que la gente no se quedará en silencio pese a que en el palco volverá a sentarse tan solo Fernando López, un director general polichinela. Quizás debería promoverse un grito ensordecedor de 90 minutos en apoyo de los grandes perjudicados, todos esos empleados que deberán abandonar sus puestos, seguramente muchos de ellos igual de zaragocistas. Y exigir, si algo se puede pedir a una plantilla sin personalidad alguna que se va a desintegrar, que al final de la jornada los capitanes y su siempre emocional entrenador, micrófono en mano, pidan perdón por las parte que les corresponde por haber enviado a esas personas a la cola del paro donde no sería extraño hallar a Mas y Forcén solicitando alguna subvención.

