Vadillo y Tobajas ponen la magia de sus botas a un Real Zaragoza sin pies

Los canteranos aportan los goles y el poco juego de un equipo que gana muy enemistado con el balón en la iniciación y en ataque con Espiau en un pobre encuentro donde sólo fue más efectivo (1-2)

El Real Zaragoza se encontró cara a cara con la Primera RFEF en el amistoso contra la UD Logroñés y las pasó canutas para ganar a los riojanos. Venció como se suele vencer en ocasiones en este categoría aunque no sea muy recomendable que repita el formato por infame y peligroso. Solamente fue más eficaz en las botas de dos de sus canteranos, Vadillo primero en un acción personal e intransferible para fabricarse un gol de bandera y Tobajas después para rubricar el triunfo que adornó en el inicio de la jugada y en su finalización. Ibai Gómez decidió que para esta cita viajaran 16 jugadores, en su mayoría chicos de la Ciudad Deportiva, dejando para mañana en Villarreal al grueso de los pesos pesados de la plantilla. Y fueron estos dos chavales los únicos que pusieron la magia de sus botas al servicio de un equipo sin pies y sin portero. Habrá que comprobar hasta dónde alcanza Westerveld para alicatar el puesto con garantías, porque Anartz, que fue titular de principio a fin, volvió a manifestar una inseguridad extrema. En el empate, un disparo de Vallejo probó los guantes del guardameta, de nuevo de cristal. El rechace lo cogió Latif Issman para romper la red.

Ese error grotesco no resultó algo aislado en este amistoso. El Real Zaragoza quiere ser de una manera pero no parece que pueda por mucho trabajo táctico que invierta para conseguirlo. Salir de atrás con el balón para hacerse superior es un ejercicio que le martiriza porque no dispone de centrocampistas con capacidad para orientarse con velocidad y criterio una vez recogido el pase de riesgo. La trinidad Rubén Díez, Saidu antes de lesionarse otra vez y Lucas Terrer carecen de esa bisagra, y son muy previsibles a poco que el adversario presione. La contención trufada de suspense de Anartz en la concepción provoca arritmias, pisando el esférico con un exceso de parsimonia y un toque exento de finura. La multiplicación de imprecisiones en zonas prohibidas, con pérdidas y pases atrás terribles, transportaron al Logroñés al absoluto mando de las operaciones. El conjunto de Unai Medina era más vivo, vertical, ganador de duelos y agradecía los constantes obsequios de defensas y centrocampistas. La sangría por el costado de Lalo, por donde Issman se recreó con todo tipo de capotazos y regates, se sumó a la catástrofe zaragocista.

Pero de la nada, en verdad del sufrimiento y la agonía para empezar algo inteligible, el Real Zaragoza vio correr a Vadillo y le tiró un armario de tres cuerpos que el delantero bajó con delicadeza para ganarle la primera fase del duelo a Cabetas, héroe del ascenso de los riojanos, írsele en un pulso físico desigual al que imprimió el espacio ganado y la astucia y adelantar a sus afligidos compañeros. El Logroñés había picado con veneno en todo el campo, pero el mazazo de calidad del punta dijo bastante de lo que puede ocurrir en esta división sin muchas luces ofensivas. El suplicio de dar dos pases seguidos se convirtió en una fiesta salvo para Espiau, quien dispuso de tres ocasiones claras que dejaron en evidencia su capacidad de resolución. Se le fueron al limbo dos remates sencillos que sólo él, si es capaz, puede explicar los porqués de los fallos y tampoco llegó por nulo convencimiento a una asistencia lateral de Lalo.

Con el marcador igualado, los locales no dejaron de insistir con hechuras de mejor equipo y conceptos más asimiliados, pero la presencia de Tobajas empezó a darle algunas jaquecas importantes cuando el partido se comenzó a abrir. Incrustado en zonas donde serpentea como una anguila, se puso a morder con mandíbula de tiburón. La pelota, por fin, adquirió sentido y sensibilidad, y gusto. Se hizo con el balón y se despendió de él a la primera, corrió a conquistar un territorio sin dueño y encontró el centro de Gabilondo para encarar en solitario al portero y batirle con la ayuda de Bolo en su intento de despeje. Dos aprendices de hechiceros resolvieron un encuentro que el Real Zaragoza padeció sin encanto alguno. Lo más relevante de esta toma de contacto veraniega con la Primera RFEF es que Tobajas es un futbolista de primera plantilla. Y guarden otro hueco para Vadillo si en lo que resta de mercado no se logra un delantero de alta alcurnia. No le sobran a Ibai Gómez jugadores de fútbol.

Real Zaragoza: Anartz Peña; Lalo (Gabilondo, m.62), Carrillo, Diego González, Raúl Pereira; Saidu (Tobajas, m.42), Lucas Terrer; Pinilla (David García, m.66), Rubén Díez; Vadillo (Laken Torres, m.62), Edu Espiau.

Goles: 0-1, m.19: Iker Vadillo. 1-1, m.31: Latif Issman. 1-2, m.75: Tobajas.

Árbitro: Millán Bárcenas. Mostró amarilla por el Logroñés a Bolo en el minuto 72 y por el Zaragoza a Diego González en el 53.

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