Ibai Gómez transmite proximidad delante del micrófono. Su tono es agradable, educado e intenta ser didáctico hasta extremos técnicos que se visualizan mejor dentro de su cabeza que en sus palabras. Su idea global es mucho más nítida: quiere que el Real Zaragoza evolucione hacia el control de los partidos en la órbita del balón, un plan que por ahora fluye más sobre el papel que sobre el campo. Porque una cosa es dominar y otra finalizar esa autocracia deportiva con goles y victorias. En ese proceso está el entrenador vasco, joven, valiente y un punto soñador, quizás por su carácter o porque esté viviendo un sueño en un club que hoy en día abraza profesionales a la medida de su modesta economía. Aporta frescura, pero muestra de vez en cuando signos de inexperiencia. Lo hizo con los cambios en Tarragona, tarde y mal sobre todo con Ademo de delantero modelo poste, y con la confección del equipo en la primera parte con el Antequera, encuentro el que sí influenció su viraje en el descanso para llevar el balón del atasco interior a la descongestión exterior. El entrenador vasco está en plena etapa de aprendizaje y lo asume con humildad, al igual que gran parte de una plantilla de futbolistas que necesitan entender el lenguaje de Primera RFEF. Sangalli, Iranzo, Diego González e incluso Westerveld ya lo hablan, y Jardí lo hizo sólo el último día. El resto necesitarán, si lo consiguen, un buen número de clases particulares para una categoría cuyo idioma oficial es el arameo.
Dos jornadas ha tardado Ibai Gómez en lamentarse de las críticas de la prensa y en solicitar un tono más positivo en sus apreciaciones porque pueden afectar a los jugadores. Lo ha hecho con timidez, como sin querer. Desde luego está en su derecho de dirigirse a los medios de comunicación como le plazca. Esa petición es la más antigua y recurrente de sus colegas de profesión. Data de la edad de piedra del fútbol, y está en la mesilla de noche de todos los entrenadores. Lo traen de serie, como si se exigiera para sacar el título. El bilbaíno ha leído cosas negativas y aboga por una visión más constructiva. Muy bien. En primer lugar habría que decirle que jamás el periodismo que cubre la información del equipo ha sido más magnánimo, en algunos casos hasta límites colaboracionistas con esta ruina financiera, institucional y social. En segundo, su figura y su trabajo están siendo valorados muy por encima de los méritos demostrados hasta la fecha. Ibai Gómez, la propiedad y los ejecutivos reciben un trato exquisito dentro de un ecosistema prefabricado por el adoctrinamiento, también el político. Sería interesante ver a todos en el Betis con el conjunto andaluz en tercera división después de perder con el Nástic y ganar al Antequera en el minuto 90. Incluido Ander Herrera diciendo en su presentación en el Benito Villamarín que en 10 o 15 años le gustaría que el equipo de Heliópolis estuviera de nuevo entre los grandes. Zaragoza, la afición pese a su adorable fidelidad y la prensa generalista ya no son lo que eran. Y el domingo espera en Torremolinos el Juventud con ls titulares adelantados del lunes: «Viva el Real Zaragoza manquepierda». Tiene suerte Ibai de no entrenar al Betis después de 14 temporadas de miserias y plagas.

