Nunca más (como siempre)

Les confieso que el título de este artículo estaba previsto para la jornada en la que, con agobio y a última hora, el Real Zaragoza se salvaba una vez más del descenso al barro de la tercera categoría del fútbol. Este último texto de la temporada se debía titular: “Crimen y castigo”, por lo que leerán al final. Pero me parece más acertado recuperar el previsto para una situación que no se ha dado. La ocurrencia me debió llegar poco antes de afrontar las jornadas contra el Mirandés y sucesivos adversarios. Tras derrotar al Almería y Racing de Santander, lo lógico era certificar con dos o tres victorias, sin demasiadas complicaciones, un año más en el pozo de la segunda división. Nada nuevo, visto el rendimiento de este equipo en estos últimos años en los que ha bailado tan agarrado al precipicio del fútbol aficionado. Al finalizar la temporada más larga de los últimos lustros, que ha ido más allá del curso que enlaza el inicio de una liga con su culminación al año siguiente, creo que el encabezamiento de esta crónica de cierre sigue siendo tan valido para lo que ha pasado, como para lo que pensábamos que nunca iba a pasar.

Por desgracia hemos tenido demasiado tiempo para realizar diagnósticos de lo que le estaba ocurriendo a este club. Casi todo está escrito, dicho o gritado. La disección forense del cadáver tampoco deja dudas sobre las causas de la muerte profesional de un club que llevan la firma de sus culpables en cada puñalada de autor, con su puño y letra.  Un desastre como empresa, una hecatombe de gestión, una desidia como atención, unos fichajes sin sentido y una dirección inexistente. Quienes se han apropiado del Real Zaragoza lo han hecho en beneficio propio para usar la construcción del nuevo estadio de fútbol, como negocio particular, que pagamos todos. Todo por el campo, es el nuevo grito patriótico de estos empresarios sin bandera ni cariño por este club. Da igual que hablemos de un deporte, de una pasión o de un escudo.

Resulta curioso que los dueños del Zaragoza se hayan escudado en su inversión para rebajar la deuda como justificante de todo lo demás. Les sirve como excusa para esconderse de su nefasta gestión deportiva y como razón de peso que les da derecho de pernada sobre el futuro negocio del nuevo campo. Al final van a conseguir gestionar durante setenta y cinco años las instalaciones y usos comerciales de la Nueva Romareda, como un regalo de su amigo Azcón y su colega Chueca, para luego rescatarlos de la debacle que han provocado ellos mismos (sin que haya que obviar el desastre inicial que supuso la gestión tras la desaparición de Solans padre como último mohicano del fútbol de siempre) ¿Les suena el rescate de los bancos privados de este país tras la crisis que pagamos todos? Pues eso llevado al fútbol, y en menor tamaño, es lo que vamos a ver. Los mismos que defienden la desregulación de todo, siempre que sea en su beneficio, defienden la intervención pública que les permita seguir manteniendo sus ganancias.

La paradoja estructural del Real Zaragoza la vimos el domingo en el estadio modular. Medio campo con las gradas ausentes y de la otra mitad, parte para protestar y otra para animar al Málaga con la afición visitante. Lo importante pasó relativamente desapercibido. Nos enfrentamos a un club, como el Málaga, que se encuentra intervenido judicialmente por su situación financiera. Resulta curioso que lleve mejor la gestión deportiva del Málaga el señor José María Muñoz Jiménez, como administrador judicial impuesto por la jueza de turno, que una estructura societaria supuestamente saneada como la que dirigen Mas y Forcén. Creo que la mayoría de los aficionados hubiéramos preferido disputar el playoff de ascenso, con cuentas intervenidas, que descender tan sanos al tercer infierno del fútbol aficionado. Huele mucho peor uno de los mayores límites presupuestarios de la categoría que dejamos, que el de los andaluces supervisados por los jueces.

Nos hacemos trampas de ilusión pensando en un rápido regreso al fútbol profesional de la mano de estos mismos que lo han abandonado. Eso si hablamos en términos de gestión. Si hablamos de fútbol, vamos a disputar treinta y ocho jornadas que serán, cada una, como una eliminatoria de copa de las que hemos salido trasquilados los últimos años contra equipos que provenían de categorías aficionadas. Sólo se podrá regresar al fútbol profesional confeccionando un equipo de primera RFEF, con jugadores con hambre de crecimiento y solidez profesional.

Los que ahora se van o aparentan irse, sea en el Consejo de Administración de esta tarde (mañana o noche en el lugar donde se conecten esta pandilla de trampistas (y algún Trumpista como Mas) o en posteriores citas, no les importa el erial que dejan. Las y los trabajadores que serán despedidos, las dificultades de profesionales de medios de comunicación que no tienen asegurada su labor, la visibilidad de la propia ciudad y la repercusión hostelera tienen una repercusión económica que nada interesa a los nuevos esclavistas del fútbol.

Hasta hoy, han sido cuarenta y dos crónicas en las que he intentado hablar de psicología deportiva, con relación a nuestro equipo. Pero la realidad se ha impuesto al deporte y la sinrazón a la lógica del fútbol. Los mismos que nos han hundido dicen ahora que van a seguir con más poder accionarial. Estamos en manos de los menos queridos porque se han comportado como indeseables. Quiero pensar que esas declaraciones de fuerza empresarial son una táctica para incrementar el valor de sus acciones en una posible salida del club. Así me hago absurdas ilusiones para que el sueño de este verano termine de una vez con esta pesadilla. Como aficionados, queremos ver a estos mercenarios de sus negocios, y okupas de nuestro equipo como vividores del fútbol gracias a sus amigos de la política, fuera de nuestro escudo.

Ha sido un placer compartir en esta tribuna independiente del zaragocismo vivencias, análisis y sinsabores. Por desgracia, hemos sufrido una temporada histórica en lo negativo. Convivir en la memoria el recuerdo del gol de Nayim con la vergüenza actual, te permite la perspectiva de valorar la vida como un proceso y no como una desgracia que nos afecta en modo de hecatombe personal. Sobre todo, cuando los que la han hecho posible nos han hecho ver que era inevitable, por lo que a nuestra responsabilidad como aficionados nos compete. Como dice el proverbio: si los males que ves no tienen remedio ¿por qué nos preocupamos? Y si la tienen…pues tampoco. La temporada que viene repetiré de socio, y mis hijos también. Porque amamos al Real Zaragoza que está en prisión, aunque odiemos a sus carceleros. Como en la novela de Dostoyevski (Crimen y Castigo,1866), seguiremos yendo al penal cada día para visitar al León cautivo. Porque la única forma de redimirlo no es por dinero, sino con amor. Feliz verano.

 

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