Desprovisto de gol, tronchado en defensa, destruido físicamente, con entrenadores en prácticas, dirigentes deplorables y futbolistas desconectados de la causa, el Real Zaragoza ha trabajado mejor que nadie ser el peor desde el primer partido contra el Sanse
La digestión del descenso a Primera RFEF es imposible por muchos mensajes que se lancen de reconstrucción después de haber tocado fondo como nunca antes en la historia de este club. De poco sirve ya mirar hacia atrás en este día donde asusta más aún el futuro, ese viaje por lo desconocido que implicará cambiar y abaratar toda la tripulación deportiva para evitar más de una temporada fuera del fútbol profesional, objetivo ahora mismo obligado con el recelo de qué tipo de proyecto presentará una propiedad que ha colaborado más que nadie para se produzca esta situación. El Real Zaragoza, con una jornada todavía para sufrir el escarnio que merece ante su afición, acaba de poner punto final a un cataclismo perfecto. De principio a fin ha trabajado mejor que nadie ser el peor de Segunda pese a que Txema Indias, el padre de la monstruosa criatura, y otras voces defendieran que había mejor plantilla de lo que han reflejado los números. No ha habido por dónde coger a este equipo mal parido y tieso a las puertas del orfanato del mercado de invierno con fichajes que lo terminaron por desgarrar. Este siniestro total han recogido cuantiosas pruebas criminales como para considerar la campaña una cadena perpetua. El peritaje forense nunca tuvo un caso tan sencillo ni una legión tan amplia de culpables dentro de la misma familia.
Las claves para investigar y comprender semejante despropósito son populares y variadas, siempre con la gestación del vestuario y la elección de entrenador como punto de partida. El truque de Gabi por Liso y el traspaso de Luna al Almería acentuaron un mal presagio. El Real Zaragoza arrancó con un vestuario que ofrecía muchas dudas en ataque, envejecido con contrataciones de secundarios que dejaron atrás sus mejores días sin que fueron estos deslumbrantes. En el primer partido del curso, nada más levantarse el telón, ya se detectaron señales de averías sin sospechar que la historia finalizaría en un accidente sin superviviente alguno. Frente a la Real Sociedad B, un recién ascendido, la presencia de Pomares en el eje defensivo a la espera de Insua, presentó una zona de enormes agujeros negros anteriores sobre la que se improvisaba de nuevo. Radovanovic abandonó el campo en el minuto 57 por un cabezazo. Kosa, Tasende, Keidi Bare y Tachi, lesionados, ni habían entrado en la citación, y Andrada, Aguirregabiria, Paul Akouokou y Kenan Kodro estaban firmados pero sin dejarse ver hasta la cuarta jornada contra el Albacete. El rocambolesco ida y vuelta de Bakis y su inestable rodilla a Turquía fue un episodio que tampoco ayudó a desatar el optimismo. Los famosos tiempos de Indias dieron la sensación de que el reloj corría en contra de un Real Zaragoza con pinta de sufrir un año más. Llevar los partidos al 0-0 para resolver con un gol, táctica de cabecera del director deportivo, hizo fruncir la desconfianza de la hinchada. Quedaba por resolver el caso del decepcionante Aketxe, resuelto con su traspaso al Johor Darul Ta’zim de Malasia.
El Sanse dejó ver muchas cosas tras la máscara de ese Real Zaragoza eventual en el que el habilidoso Paulino prometía una buena versión que se truncó en un ensayo antes de jugar con el Huesca. La rodilla izquierda le traicionó en principio para mes y medio, pero tuvo que dar por perdida la temporada y ceder su ficha para dejar espacio. En ese encuentro, el conjunto aragonés, pendiente de sus nuevas adquisiciones, dio una gruesa pincelada del futuro que le esperaba. Cometió un grave error defensivo que le supuso la derrota, una desatención sobre Ochieng para que el nigeriano recorriera 45 metros en solitario y batiera a Adrián. Los jóvenes donostiarras entregaron el balón, se refugiaron y aceptaron un acoso constante de su rival, que disparó en diez ocasiones y sólo dos en dirección a puerta. Desprovisto de gol, tronchado en defensa, con la enfermería a rebosar en lo que era el preludio de su ya constante destrucción física. La pelota le pesaba en la construcción… El Andorra, otro recién llegado, lo aplastó en el Ibercaja Estadio en el debut oficial del campo modular en la confirmación del martirio que se venía encima. Gabi no imprimía identidad alguna al juego, lo que más tarde se repitió con Sellés y David Navarro, entrenadores en prácticas que no ayudaron a dotar de personalidad a un grupo donde ya se detectaban deserciones de algunos futbolistas por diferentes motivos. Valery y Akouokou, dos piezas que parecían fundamentales, oscilaron entre la desconexión y el desinterés. Más tarde se fueron incorporando compañeros a mitad de camino entre la incapacidad, la molestias mayores y menores y la depresión colectiva con el Ibercaja Estadio como epicentro de la calamidad.
El final más vergonzoso ha llegado en Las Palmas un 24 de mayo pese a que el Cádiz haya puesto todo de su parte para entregarle una salvación que despreció con alevosía ante rivales directos, pero aquel 18 de agosto sembró la semilla del mal. Jugadores como Saidu, Gomes, Cuenca y Pinilla, junto a Francho de los pocos que, con limitaciones e ilusión canterana, han dado muestras de un compromiso regular, han adquirido roles muy forzados en este trayecto pilotado por ejecutivos tan deplorables en sus funciones como Txema Indias y Mariano Aguilar, además de Fernando López, un director general sin galones, el hombre de paja perfecto en el incendio. La puntilla se dio en invierno. Rober ha sido el único salvable de las seis novedades incorporadas antes de que le retirara una fascitis plantar. Los fiascos de Cumic, El Yamiq, Larios, Mawuli y no digamos Agada han sido de órdago para ejecutar cesiones a Polonia de Pau Sans y Samed Bazdar, muy por encima del nivel de esa media docena de remiendos (Sebastian Kosa se fue prestado al Kosice de su país). Posiblemente colista si no se gana al Málaga, el Real Zaragoza se despedirá de 13 años en Segunda después de 40 jornadas en zona de descenso. En realidad nació muerto en la Bella Easo.

