Hay personas que cambian de vida, pero siguen haciendo lo mismo. Vemos empresas que tienen nuevos dueños, pero que mantienen los mismos medios y objetivos. En ambos casos, la ausencia de novedades profundiza la frustración. La mezcla de ausencias y deseo remueve las tripas del pasado y nos hace temer por los miedos del futuro. Las noches que anteceden a las esperas se hacen largas y los sueños se hacen de rogar porque las preocupaciones ocupan el lugar de la imaginación. Tanta prisa teníamos en olvidar el pasado, que regresamos al futuro que tanto temimos y al que nunca creímos. Desde la última victoria en competición oficial han pasado más de cinco meses. Medio año para olvidar, que se nos vino encima al minuto de comenzar, para que el trauma siga hurgando en la herida que no cesa. Hemos soportado el vacío más extenso de los últimos años para ver de nuevo un partido oficial. Al menos disfrutamos de un descanso de lujo como campeones del mundo gracias a nuestra selección. La afición zaragocista hemos renovado nuestro compromiso con la ilusión y ahora sólo falta que el equipo haga lo mismo con el fútbol. Parece que la prioridad está más cerca del amor por el negocio que por el deporte. Es la confluencia que vivimos estas dos partes, club y abonados, citándonos en torno a un escudo que los dueños miran como una inversión y los seguidores con emoción.
Este diván se ha renovado, pero la catarsis se hace de rogar. Comenzamos una nueva terapia de viejos problemas. Quizás una perspectiva temporal nos ayude a ver un bosque del que nos ha bajado la realidad. Así que analizaremos por meses, en lugar de por jornadas, el devenir del paciente. Hasta hoy, la pretemporada y el primer partido disputado. Como decía Einstein, el espacio no se puede entender sin el tiempo. Igual que a este equipo no se le puede seguir sin la dimensión de la afición. En la Cesaraugusta futbolística hemos vivido un agosto de ferragosto, tan angosto, como el sofoco que todavía llevan encima los blanquillos. Necesitamos la paciencia que no tenemos para ver el fútbol que no nos ofrecen. Todo un contrasentido. El problema es que cuando se atiende con cariño, tendemos a curar a los pacientes en vez de solucionar sus problemas. Un error muy profesional que nos hace centrarnos en el enfermo, en sus síntomas y señales, y menos en lo que hace y cómo lo hace, para buscar un cambio de comportamiento. Por eso llega a ser lógico que un engendro de club tenga el mimo de su gente. Nosotros necesitamos diferenciar al León de sus domadores. Y los dueños del circo piensan que si queremos al rey de la selva futbolística aragonesa es que también nos gustan los empresarios que controlan el espectáculo.
La realidad es que el club maño no se ha gastado ni un euro en fichajes, y esta noche se cierra el mercado. Es curioso como el Real Zaragoza ha recibido de tapadillo ocho millones de euros que estaban destinados a la sociedad Nueva Romareda y Natalia Chueca, con Azcón de cómplice, esconde los contratos firmados bajo su secretismo y justifica ahora que se los ha regalado al club maño. ¿Para qué? Para fútbol no, desde luego. Juegan con los sentimientos de la afición, pero también con el dinero de todos los aragoneses y zaragozanos. De no haber desvelado eldiario.es este amaño, no nos hubiéramos enterado del timo del nombrecito del estadio. Es cierto que el dinero no lo da todo. Que nos lo pregunten con uno de los grandes presupuestos del pasado año. Se puede construir un equipo competitivo y que luche por ascender. Pero ser campeón obliga a ejercer las dos estrategias, una plantilla que sea un buen equipo y disponer también de una calidad diferencial, con margen para lesiones, que sea un bisturí y un cañón a la vez, para abrir a los adversarios en canal. No es lo que hemos percibido en este verano de preparación. Es más, el partido de Tarragona bien podría haber sido el “bolo” habitual, con un resultado similar a las pifias sufridas en pretemporada. Un equipo muy plano, con poca capacidad creativa y nula goleadora. No tiene por qué ser siempre así. Pero no parece que vayamos a ver mucho movimiento hasta la noche para sumar a lo que ya sabemos. Toda la apuesta goleadora descansa en Joaquín Delgado. Tiene buenas maneras el delantero andaluz, aunque no se observa la misma confianza en su compañero de posición Espiau. Afrontar toda una temporada con un único posible goleador tiene sus riesgos. Es anecdótico que hoy estemos en segunda RFEF, por clasificación. Pero podría no ser tan casual quedarse fuera del ascenso directo. La única verdad que podemos confirmar hoy es que, al menos, dos de los tres equipos aragoneses no regresarán como campeones al fútbol profesional.
Los traumas no se olvidan sólo deseando nuevas experiencias que borren el pasado, sino analizando lo ocurrido, sin miedos, para proponer y construir soluciones. En este primer envite del domingo hemos multiplicado la frustración de la que huíamos con la que temíamos. Frustración por frustración es una frustración al cubo. Son cosas de la cabeza que no entiende de matemáticas sino de sensaciones. La broma de Bakis marcándonos gol, la hicimos todos para conjurar el maleficio, pero la defensa maña se abrió en canal para facilitar la auto profecía cumplida. Así todos somos adivinos.
Vamos camino de septiembre con dudas e inseguridades. El otoño es un buen momento para la caída de las hojas de la vergüenza en esta categoría y jugar desnudos de tú a tú contra el resto de rivales. Perdimos con un conjunto inferior que nos superó. Pero si vieron al Jaén vapulear al Europa en el campo de los catalanes, agárrense las frustraciones que vienen traumas. Ese encuentro nos trajo a la memoria esos partidos tan honrosos de barrio con un fútbol tan sincero y descubierto como contemplar un banquillo de fútbol en su formato original. Pasar de ver a los suplentes en acolchadas butacas, a sentarse sobre una madera artesana, con el cielo por sombrero, es una llamada a la verdad del fútbol como deporte antes de convertirse en negocio de pose y alcurnia en manos de señoritos.
El “Voyager” de nuestro Real Zaragoza ha salido del sistema futbolístico profesional para adentrarse en el frío espacio de la tercera categoría balompédica. Son diez meses de competición, que son diez causas y diez divanes para cambiar una personalidad que ha caído en el abandono deportivo. Hoy nuestro equipo es un “homeless” del fútbol profesional. Necesita un apoyo anímico, que tiene, y una recuperación de la propiedad de un club que salvaguarde su personalidad por encima de su economía. Ese es el reto de este año. Los aficionados más veteranos seguimos mosqueados. Las palabras de Ander Herrera en su presentación, anunciando que en un plazo de diez a quince años esperaba ver al equipo en lo más alto y luchando por títulos, nos hacen torcer el gesto ¿De verdad nos queda por delante el mismo número de años que hemos dejado atrás para volver a disfrutar de nuestro Real Zaragoza? En julio de 2014 se puso en marcha la Fundación Zaragoza 2032. Y en el año 2025, la propiedad lanzó el proyecto “Real Zaragoza 2027: construyendo el futuro”. Parece que tenemos que ir pensando en bautizar la realidad actual de la película que vivimos: “2040 una odisea del Real Zaragoza que va despacio”

