El Real Zaragoza, víctima de la mala y de la buena gente

Una buena parte de la afición, a caballo entre la fidelidad y la desinformación, vuelve a ilusionarse con un proyecto que mire por donde se mire genera dudas en manos de otra propiedad que prima sus intereses

Como era de esperar a poco que se buce en la economía del Real Zaragoza y su nuevo y pobre escenario de ingresos en Primera RFEF, la inversión en la plantilla va a sufrir una segunda reducción por orden de A.GAIN, los máximos accionistas del club después de la última compraventa. Es una información que publica hoy el Periódico de Aragón. Pese a todo, el equipo contará con uno de los presupuestos más altos de la categoría, pero ya no tan diferencial con respecto a un buen número de aspirantes al ascenso (cerca de cinco millones de euros, la cantidad que quedaría establecida ahora, frente a los cuatro que que barajan equipos como Huesca, en el grupo I, y Cultural o Mirandés, en el grupo II). Ese escenario se ha ido dibujando desde el mismo día del descenso con mensajes de necesarios reajustes y ventas de futbolistas, operaciones que, como ya subrayó Lalo Arantegui, no repercutirán en elevar la calidad del vestuario. La infraestructura en todas las áreas continúa siendo la de un conjunto muy por encima de sus posibilidades, y entra dentro de lo razonable que Bobby Aitkenhead y sus asesores hayan decidido apretar el cinturón para disminuir gastos. Esos movimientos son lícitos, si bien redescubren que el fútbol, hoy en día, se ha convertido en un inmueble que cuando se devalúa concentra el interés de mercaderes mucho más apegados a una futura plusvalía que al escudo y otros símbolos y valores de la institución que gestionan.

Buena parte de la afición, a caballo entre la fidelidad y la desinformación, ha vuelto a ilusionarse con un proyecto que mire por donde se mire genera dudas. Su objetivo es a largo plazo (en 15 años lo estableció Ander Herrera, a modo de portavoz del grupo, para retornar a la élite), con una puesta en escena muy común en este tipo de contextos de cambios tan sustanciales que aboga por el trabajo, la seriedad, la profesionalidad, la recuperación de la identidad y, cómo no, la mejora de la Ciudad Deportiva como epicentro de la sacrosanta cantera. Dos décadas de destrucción no se solucionan de un día para otro, ni en una temporada. Sin embargo, y por enésima ocasión, los gabinetes de prensa del club y de no pocos medios de comunicación han elaborado en cuidadoso pliego que anima al optimismo. No hay que mirar al pasado sino a este castigo bíblico como una gran oportunidad de regreso a la tierra prometida. Ese es el lema que poco a poco está calando como lluvia ácida. El Real Zaragoza es prácticamente un equipo amateur, lo que en cierta forma no deja de ser una verdad a medias ya que cuenta con una colosal masa social que pagará sus abonos muy por encima del espectáculo que le espera.

Mientras el grueso de la acciones (el 51% modelo Bundesliga) no pase a manos de los seguidores, una utopía en el actual ecosistema, las SAD serán dictaduras bajo el control unilateral de propietarios que pueden potenciar el club, tratarlo como un negocio sin más y permanecer o abandonar en relación a la respuesta del negocio. El Real Zaragoza ha sido víctima de las peores versiones de estas comunidades con máscara salvadora. A.GAIN no es diferente a las anteriores, y además tampoco dispone de músculo financiero para presentarse como un ave fénix. El equipo tendrá que esperar, la Ciudad Deportiva tendrá que esperar… Es su dinero, muy cierto, y pueden utilizarlo como les plazca, pero su aparente generosidad de intenciones no va tener una repercusión altruista e inmediata en ningún frente. La ficción, la desesperanza, la credulidad, el cariño y el sentimiento de pertenencia no justifican que la buena gente siga dejándose engañar. Ahora más que nunca. Este sí que es el peor negocio posible, hacer la ola en el mar donde el Real Zaragoza peleará por salir a flote con un salvavidas del mismo tejido gestor con el que intentó permanecer en Segunda.  Por una cosa es la identificación con la historia y las herencias sentimentales y otra bien distinta la ilusión que se compra sin verificar si es una falsificación más.

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