La defensa crece entre las sombras de la ‘zona Ander’, el ataque… e Ibai

González, Iranzo y Sangalli musculan la línea más débil, pero Real Zaragoza vuelve a pecar de una medular borrosa, de delanteros huérfanos de eficacia y del imperfecto método gobernante de su técnico

Diego González, con la ayuda de Rubén Iranzo, dieron al Real Zaragoza solvencia defensiva frente al Antequera. Marcos Sangalli cambió el partido cuando apareció en la segunda parte. La línea más frágil del equipo se ha musculado con tres futbolistas que garantizan un escudo titular fiable y que tendrá al cuerpo técnico rezando toda la temporada para que ninguno de ellos sufra un percance de largo plazo. Ese tridente fue sin duda lo mejor de un equipo que ya ha resuelto uno de sus problemas más graves, pero que en las dos primeras jornadas ha pecado de una medular donde Ander Herrera y Lucas Terrer lideran un juego abigarrado de posesiones y pases horizontales o de seguridad a un ritmo premioso para sus compañeros y de fácil neutralización para el rival. Los extremos interiorizados tampoco han aportado frescura a esa parcela, salvo Jardí este pasado fin de semana, en gran parte estimulado por la vivacidad y la calidad de Sangalli. Vadillo es un artista aún sin galería para exponer con continuidad, Cuenca un obrero y se confía en que la cintura de Ureña sume desborde entre tanta repetición de secuencias insípidas. La ‘zona Ander’ es innegociable para Ibai Gómez, pero el entrenador tendrá que buscar alternativas. Herrera y Terrer no pueden convivir juntos como guías del, por ahora, imperfecto método gobernante de su entrenador. El balón fue suyo contra el Nástic porque los catalanes lo cedieron tras adelantarse en el marcador. El Antequera le despojó del esférico toda la primera parte y lo ganó con los cambios, sobre todo por la renovada y fértil banda derecha.

Rubén Díez disputó los últimos ocho minutos de Tarragona. Un futbolista que completó 57 partidos de titular en el Ceuta en los dos últimos cursos y que en el último logró cinco tantos y ofreció un par de asistencias, ha quedado en Primera RFEF a la sombra: por detrás de un jugador de 37 años sin el ritmo adecuado, propenso a las lesiones y a quien Ibai Gómez ha entregado todas las capitanías dentro y fuera del campo y de un canterano sin experiencia que necesita mucho más tiempo para progresar hacia la dirección de un equipo de las especiales características del Real Zaragoza. El técnico ya se ha manifestado en el sentido de que a Díez sólo lo contempla como mediocentro porque no lo ve apto para la ¿presión? alta que ha programado en su ruta. Tiene el suficiente talento para ocupar la posición de enganche que conoce y disfruta, pero, en cualquier caso, su destino está marcado en la zona de fabricación. De seguir con el doble pivote, por perfil debería ocupar el puesto de Herrera, lo que hoy en día se considera una blasfemia cuando sería un relevo de lo más natural. Posiblemente para mejor. El bilbaíno, sin embargo, ha sido ungido como intocable por su aura. También con la propiedad actual. De formar con tres para que Ander y Rubén puedan convivir sacrificando a Terrer, tendrían que aparecer por obligación el físico de Ademo, de quien aún no hay noticias por dónde debe actuar, o el de Saidu, una fuerza de la naturaleza incontrolable para sí mismo.

El follón se las trae en el centro de mando, calificado como el más sobresaliente de la categoría con inmodestia e irrealidad. Todo orbita alrededor de Ander dentro de un libro de estilo en ocasiones excesivo y que pasa páginas sin grandes historias profundas. El Real Zaragoza, con la posesión más alta de la categoría, un 73%, carece a todas luces de una plantilla para adueñarse de los encuentros y para correr riesgos que no puede asumir por mucho que Diego González y Rubén Iranzo se multipliquen, como ya sucedió con el Antequera, para evitar un grave accidente. Está ordenado pero no transmite la jerarquía competitiva necesaria para acometer toda la temporada como dueño y señor. Contra algunos adversarios se impondrá con cierta comodidad; frente a la mayoría pasará las de Caín. Si el debate por Rubén Díez se abrirá esta misma semana, el de la delantera amenaza por mantenerse mucho más tiempo. Pau Sans y Delgado han sido los elegidos para el tándem ofensivo de inicio de campeonato, con Espiau, autor del gol de triunfo esta jornada, en un segundo plano. Aquí la solución es todavía más compleja que en el mediocampo. En dos encuentros, el Real Zaragoza es el equipo más ineficaz en el remate de Primera RFEF. Su 3% de acierto en los lanzamientos desvela una traba nada casual, con futbolistas con evidentes limitaciones anotadoras y un Delgado sin aterrizar del vuelo Segunda RFEF, donde su fama le dio pasaporte para este siempre turbulento viaje zaragocista.

Ibai Gómez, con su entusiasta, en parte lógica por lo novedoso y colosal del reto, y maravillosa visualización de la plantilla, calificada por él mismo como la de mayor nivel de todas, celebró el gol de Espiau casi como algo personal cuando la forma de conseguirlo estuvo a años luz de su propuesta. Un balonazo a la olla, un central que asiste y un toque con el muslo del finalizador. Tiene razón en que el Real Zaragoza hizo una aceptable segunda parte (en absoluto muy buena) y que nunca se rindió, incluso después de que Herrera fallara un penalti. Fue la constancia y no el fútbol la que aproximó al conjunto aragonés a su primer triunfo después de haber sido sometido durante mucho tiempo por el Antequera. Está todo por hacer con la defensa finalmente muy bien tapiada aunque sin nadie detrás de Westerveld, otra cuestión delicada. Y ese todo quizás pase por una relectura del entrenador sobre las opciones de que dispone, no con las que sueña.

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