El Real Zaragoza, favorito e incógnita, necesita vencer al Nástic para gestionar la elevada presión que le espera después de una tacada de diez partidos sin un triunfo desde marzo que le condujo al descenso
El próximo domingo comienza un reto más para este Real Zaragoza que hace 14 temporadas bajó a Segunda hasta tocar fondo en Primera RFEF. Subir a la primera, abandonar esta categoría que mancha e indigna, empezar la cuenta atrás para un regreso a la élite que no será sencillo ni el esfuerzo ni en el tiempo, es el único objetivo que debería figurar en una hoja de ruta que presenta no pocas curvas en su diseño. Ver al club fuera del fútbol profesional causa estupor pese a la confirmación, pero nada es casualidad: que una de las instituciones con más arraigo en una de las cinco ciudades más importantes del país, con una masa social deslumbrante en cantidad y calidad y nueve títulos en sus vitrinas se arrastre por los bajos fondos de este deporte merece un estudio para descubrir si ha existido alguna vez un caso similar de derrumbe. Improbable. Las gestiones de sus dirigentes y propietarios asoman como la punta de un iceberg adulterado en toda su estructura por injerencias de personajes que en sus ansias de poder y notoriedad han colaborado en este inmaculado ejercicio de destrucción. La mediocridad conduce a la mediocridad, y el final del camino ha sido que todos los protagonistas han salido indemnes del magnicidio, con alguno de ellos aún a los mandos del vehículo, mientras que la condena ha recaído en la siempre, o no siempre, inocente hinchada, en el único zaragocismo que paga con su corazón y de su bolsillo ya no por divertirse, sino por acabar con el sufrimiento.
El fútbol dejó hace mucho de pertenecer a su gente. Se buscó un control financiero en la figura de un máximo accionista con una o múltiples caretas y el Real Zaragoza es el perfecto ejemplo de esta desdichada fórmula. A.GAIN ha venido de la mano de muchos de los que supuestamente se han ido y otros que continúan como Juan Forcén y Jorge Mas. Y lo ha hecho con una tijera que ha afectado a la configuración de la plantilla, no tan poderosa y diferencial como perseguía Lalo Arantegui, el director deportivo. Los fondos de inversión es lo más desaconsejable para una SAD en ruinas porque priorizan sus intereses muy por encima de los del club. Para el ciudadano de a pie es una paradoja. No tanto para la ingeniería financiera de estos negocios umbríos. Repiten discursos populistas, como el de la prioridad de la cantera y la recuperación de una identidad, que poco a poco se desmontan por sí solos. Para este viaje que arranca en Tarragona frente al Nástic, el Real Zaragoza inicia una cura para adentrarse poco a poco en la competición. Por ese motivo, necesita la victoria como terapia. Cumplirá casi cinco meses sin ganar de forma oficial aunque el contexto sea diferente y la plantilla se nutra con 15 o 16 fichajes de futbolistas con experiencia y un nutrido grupo de chicos de la casa. La pretemporada ha descubierto poco, aunque sí que el evangelio de Ibai Gómez, otro que se estrena, no ha calado por ahora en jugadores que quizás no estén preparados para un gobierno absolutista de los partidos.
Otro resultado en la primera jornada sería poco conveniente no porque suponga drama alguno, sino porque la paciencia requerida desde todos los frentes caducó en Las Palmas, donde se consumó el descenso a tercera división con diez semanas consecutivas sin triunfos en esa martirizante recta final, frente al Racing el 29 de marzo (2-0). El conjunto aragonés juega sin demostrarlo aún como gran favorito de su grupo y con tanta innovación a cuestas, por lo que los tres primeros puntos son más que tres puntos por el pasado, el presente y el futuro, ciclos que confluyen como nunca en la historia de la maltratada entidad. El Real Zaragoza de Ibai Gómez va a vivir con la presión en el día a día, descubriéndose a sí mismo, el techo de su rendimiento y de qué manera se ha acertado con las adquisiciones, entrenador incluido. Anartz Peña (la portería esté en las guantes de Westerveld, todo un riesgo), Gabilondo, Ademo, Jardí, Espiau y Hansson, quien ha rescindido su contrato por problemas personales, no han trasmitido muy buenas vibraciones. Tampoco Tachi, ni Saidu… La defensa, tras la llegada de Rubén Iranzo, tiene aspecto compacto con Diego González, Pereira y Escudero siempre que se consiga un lateral derecho titular, pero se echa de menos otro central que cierre el círculo, y en la medular la veteranía y talento de Herrera y Rubén Díez está pendientes de compañeros que les pongan físico y de extremos que no existen, otro puesto a reforzar por ambos costados por la ausencia de profundidad actual. Delgado, un finalizador, es la gran esperanza blanquilla en ataque.
Con Pau Sans a la cabeza, Terrer en porgresión y Cuenca de fiel escudero, la cantera se ha llevado elogios en el verano. Ocurre siempre lo mismo y en esta oportunidad con razón. Vadillo debería ser miembro de la primera plantilla, y Tobajas y Monzón, no tanto Barrachina ni Lalo Arantegui, han regalado detalles sobresalientes. Habría que puntualizar la reflexión: si el proyecto de ascenso se apoya en ellos, es que algo o todo no funciona. La responsabilidad de esta ingente tarea ha de recaer principalmente entre los elegidos en el mercado por el director deportivo. Los muchachada está para ayudar a los mayores y crecer con minutos en el filial. Otra exposición sería un despropósito pese a la reiteración de que la Ciudad Deportiva tendrá un papel preponderante, el habitual gancho para una afición que ya sabe distinguir muy bien los anzuelos. Tarragona es la primera casilla de una categoría que desvelará su propia naturaleza y la de este Real Zaragoza por ensamblar ideológica y deportivamente. Ganar al Nástic con argumentos a ser posible significaría avanzar, y no poco en la parcela psicológica, una cuestión primordial que muscular cuanto antes.

