Luis Costa explica con precisión en La Jornada lo inoportuno e improductivo de los tres cambios de Navarro

La Jornada, el programa de Aragón TV que se emite los domingos por la noche sobre la actualidad del Real Zaragoza, acogió un encendido debate entre los contertulios presentes sobre la decisión de introducir tres cambios en el partido contra el Ceuta en el minuto 43. Las opiniones se cruzaron con la exposición de diferentes argumentos, algunos muy razonados y otros demasiado simples. Todos respetables dentro del marco de la experiencia futbolística de unos y periodística de otros. Coincidió, y no por casualidad, que el principal flujo de interpretaciones partió del exjugador profesional y entrenador Luso Delgado y del exfutbolista y comentarista Luis Costa. El primero argumentó, secundado por la mayoría de los presentes, que el entrenador hizo lo adecuado, que la situación es tan crítica que lo drástico, inusual e inédito en la historia del club estaba justificado ante un contexto de máxima urgencia. Que no había que esperar un segundo más para proceder a esa múltiple variación de piezas, retrasada aún más en el tiempo por la posibilidad de incluir o no en el baile a Toni Moya, algo que que no sucedió

Luso expuso en todo momento que el conjunto aragonés no está para considerar la sensibilidad o el grado de enfado personal que pudo causar la salida de Bare, Aguirregabiria y Pinilla, y que en los 60 segundos para el término de la primera parte se experimentó ya una mejoría. Costa chocó frontalmente con su compañero de mesa al considerar que no es de recibo esa reacción del técnico, quien debería haber esperado al descanso para evitar la sobreexposición de los afectados, y que los beneficios no tuvieron nada que ver con un gesto que, posiblemente, abrirá heridas en parte del vestuario, sino con la expulsión de Yago Cantero en el minuto 49, puerta principal que abrió el camino hacia la remontada.

Aunque Luso insistió en su versión con juicios no exentos de la coherencia de un deporte que admite como válida cualquier teoría, Costa estuvo bastante más preciso en la explicación y posibles consecuencias de un capítulo innecesario según su criterio. Apeló a un código deontológico con sólidas puntualizaciones. En definitiva, le pareció desafortunado y en nada productivo ese golpe de efecto del técnico que, es cierto, no tuvo consecuencias favorables con tan poco margen y que se debería haber realizado en la intimidad, no frente a un estadio con los tres protagonistas claramente señalados en la búsqueda de un salto cualitativo y físico apenas imperceptibles. La reacción se produjo tras la roja al Ceuta, ya entrada la segunda mitad.

La decisión de Navarro se descose por todas las costuras. En primer lugar porque puso sobre el campo, con conocimiento de causa y estado físico, a un Aguirregabiria aún bajos los efectos de una gastroenteritis, y al centrocampista albanés, quien le había informado en el calentamiento que tenía sensaciones extrañas viniendo como venía de molestias físicas. Bajo esas premisas, el entrenador cometió un error gravísimo al contar con dos jugadores mermados, no exentos de actitud sino de salud. En este sentido faltó a su propio credo de contar con los que están al cien por cien, y una vez superado por la evidencia y la dimensión de su error. se lanzó a tumba abierta a esa ruleta de canjes con Sebastián, Kodro y Mawuli…

Lo que hizo, esa lectura visceral y apresurada, muy propia de alguien sobrepasado desde hace varias jornadas por las mismas causas que llevaron a la destitución de Sellés (experimentos como el de Córdoba con una derrota muy de autor pese a las bajas y pésimas lecturas como ante el Mirandés). demuestran que Navarro está mamando ahora del fútbol profesional, donde ha aterrizado por los constantes accidentes que se producen en el banquillo de un equipo con extraños inquilinos. Costa recalcó que esas estadísticas que le presentaban sus colegas sobre un conjunto generador de constantes ocasiones para marcar sin conseguirlo, no servían como elogio y menos en un partido supeditado por la superioridad numérica, sino como la confirmación de la nula calidad del vestuario, agudizada por el error el segundo gol, un auténtico festival de horror defensivo. Goleó a todos en la noche de tertulia dominical, incluso al siempre prudente, clarividente y reflexivo Luso. Navarro se podría haber ahorrado el ramalazo de los tres cambios al filo del descanso. Por dos minutos de falta de tablas puede haber cavado un profundo agujero entre quienes creían en sus elementales mensajes de autoayuda.

 

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