Mi último baile antes de ser faro de luz zaragocista

Recuerdo como si fuera hoy el estreno de «El último baile», una producción de Netflix de diez episodios que narra la última temporada de Michael Jordan con los Chicago Bulls en 1998 y que se estrenó en la primavera de 2020. Para entonces ya estaba gestionando mi salida de Aragón Radio que se produjo dos años después, con la subrogación de mis trabajadores a una de las empresas de producción audiovisual de Henneo (Heraldo de Aragón), dirigida por Pepe Quílez, tras abandonar la dirección de la radio y la televisión autonómicas y pasar unos meses por la delegación de RTVE en Aragón.

Mis críticas a los proyectos diseñados por la Fundación Real Zaragoza 2032 y los resultados del equipo, la dirección deportiva, la dirección general y la presidencia «in péctore» -Cristian Lapetra no era el responsable ya que actuaba como portavoz-, molestaban cada vez más a la propiedad, compuesta por las familias Alierta y Yarza, Carlos Iribarren y Juan Forcén. De ahí que algunos encargados de la CARTV insistieran en que disminuyera las críticas en «Tiempo Extra», que era especialmente un programa de opinión. En los programas deportivos convencionales abrí incluso un canal provincial para Huesca, de tal manera que se equilibrasen los minutos dedicados a los dos equipos aragoneses en Segunda División, algo que también censuraban con el cronómetro en mano. Yo le pedí al más insistente, que debutó de mi mano en la radio pública y no quiso participar más como invitado remunerado esa temporada, un correo electrónico para disponer de esa «orden» no obedecida, puesto que ni se me decía de quién partía ni los motivos, ya que la clasificación y la caída libre del equipo era tan evidente como compartida por la afición.

La presión resultó ser tan constante y molesta que acordé mi jubilación en 2022 y la subrogación de mis empleados en FOR Comunicación, cuando cerrase la empresa. Eso sí, con una despedida en directo al final del programa donde expliqué todo esto y que compartí en las redes sociales que significó el silenciamiento, invisibilización y un vacío del medio hasta hacer desaparecer los diecisiete años de presencia más que notable en la radio y la televisión. Tuve dos temporadas para ser cuidadosamente sutil con mis críticas, cada vez mayores, pero con un lenguaje que evitase un control más intenso. Eso diferencia a quienes nos expresamos con inteligencia y a quienes no están formados para comprender la sutileza de la utilización de las palabras.

Desde el comienzo del COVID presentaba el programa desde mi estudio en casa porque el infarto agudo de miocardio que sufrí en 2017 no hacía aconsejable mi presencia en el interior de un edificio con tanta gente yendo y viniendo. Y como mi equipo se responsabilizaba ya de las transmisiones y programas deportivos, no era necesario que fuese por allí. Excepto un día, cercano a mi marcha, que me avisaron para que retirase mis papeles, mis cosas y el contenido de los datos en el ordenador de mi despacho. Cuando llegué ya estaban los obreros derribando las paredes para reunir en unas semanas la ubicación de los deportes de Aragón Radio y TV de la productora Global Studio News con Pepe Quílez en la dirección ejecutiva de la Unión Audiovisual de Henneo. Y con el jefe de deportes y empleado público de la CARTV, Pedro Hernández, que desde 2006 hasta 2017 fue subordinado de Quílez.

Por eso recuerdo la serie «El último baile» cuando Jordan se despidió de los Bulls por la crisis del club y asumió con tranquilidad su paso por el histórico equipo de Chicago. Después de tres retiradas, una de ellas para jugar al béisbol, volvió a las canchas de baloncesto con cuarenta años para despedirse con los Wizards. Posteriormente se dedicó a construir un imperio empresarial multimillonario y a la gestión de franquicias deportivas.

Con mucha más humildad, pero uno tiene que mirar hacia arriba, después de unos meses jubilado me dediqué al proyecto de un podcast en directo con «Minuto 32» donde recuperé a personas vinculadas con mi profesión y ya fuera del círculo de los medios locales, como Salvador Asensio, Eduardo González, Alfonso Hernández, Isidro Oliván, Laura Ferrer y Andrés Ramírez, además de habituales opinadores en «Tiempo Extra» como Javier Pais, Rafa Ruiz, Sixto Genzor y Alberto Oriz, entre otros, además de mi primer contacto con Fernando Muñoz. Y, por supuesto, seguí con mi canal de YouTube subiendo las crónicas de los partidos del equipo blanquillo.

La muerte de mi madre en 2024 significó otra breve retirada más hasta que en enero de 2025 me propusieron Ángel Turlán y el director de La8 Zaragoza TV, Fernando Sancho, presentar un programa dedicado al Real Zaragoza y otro a entrevistas de actualidad con empresario aragonesas, artistas, escritores, jueces, ex políticos, ex deportistas y demás profesiones o actividades de todo tipo. Si el programa funcionó bien hasta el final de la temporada anterior con una audiencia interesante tanto en directo como en el canal de YouTube, la actual ha significado un tirón muy importante; pero por desgracia a causa de los fracasos cada vez más espectaculares de la propiedad y el vértigo de un descenso al fútbol aficionado tan humillante como vergonzoso. Y como a nosotros, con la incorporación esta temporada como habituales o esporádicos de Nacho Bonilla, Jesús Lechón, Jorge Rodrígez, Almudeña Sopeña y Chichus, no nos mueve ni el dinero, ni el poder, ni el pesebreo, ni la vanidad, la opinión de cada uno de nosotros es interpretada por nuestros seguidores con absoluta libertad.

A unos días de terminar esta agónica y dolorosa temporada vuelvo a plantearme si continúo o no opinando del Real Zaragoza en las redes sociales, en la TV local, o incluso en esta formidable ventana como es «Príncipes de París» donde me sincero con absoluta libertad y confianza, como si fuera un confesionario, del conjunto de mis profundas y extremas emociones que gestiono casi al cien por cien como si fuera una armadura de cara al exterior.

Está claro que a estas alturas ni voy a realizar un seguimiento en el fútbol no profesional del equipo, ni a seguir con las crónicas en YouTube. Pero sí me gustaría mantener el rastreo crítico a la propiedad para seguir contando todo aquello que me parezca atentatorio contra la afición zaragocista. Atando cabos con personas, empresas e Instituciones sobre lo que realmente quieren llevar a cabo de aquí al Mundial de Marruecos 2030 los propietarios locales y sus adláteres. Como ya no existe una prensa convencional independiente, me gustaría ser un faro lejano sobre la montaña de una isla desierta que ofrezca una luz donde los maltratados aficionados del Real Zaragoza puedan ver algo más de lo que se proyecta mediáticamente en una imagen de paz y evolución para controlar a unos aficionados anestesiados, agotados por las falsas perspectivas que han salido de la boca de los inversores.

Hay personas, como José Luis Rodríguez Zapatero, que se han creído iconos de su ideología por su poder y la influencia conseguida de forma inmoral. Otros, de mucha menor talla, su ascendencia y fortuna familiar les colocó en el palacete del pueblo. Y luego están los criados que utilizan su cercanía a los guardias de los caciques para ponerse de puntillas y encargarse de los pesebreros. Tarde o temprano, como le pasará al meme de Míster Bean, caerán.

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