Un francotirador contra los silencios y las ruinas del Real Zaragoza

La caída de las ruinas del Real Zaragoza ensombrecen la ilusión de los seguidores blanquillos, basada en la necesidad de pasear un cadáver esperando que resucite. El interior convulso del que fuera un club respetado por el fútbol nacional e internacional, se ha removido de manera irracional corriendo unos y otros sin hacer nada más que echarse las manos a la cabeza y esperar su liquidación.

Se supone que ser un jubilado infartado y mantener mi opinión, que desde hace años han intentado dinamitar, no puede suponer ningún riesgo para los que tienen puesta la cruz de la afición como culpables de este desastre. Una cuenta en YouTube, otra en Facebook y también en Instagram, emitir en el canal de Minuto 32 varios comentarios a la semana, presentar un programa sobre la actualidad con el mismo título en La8 Zaragoza TV y colaborar en Príncipes de París, parece que molesta.

¿Qué beneficios puedo conseguir en el plano económico, social o mediático? Ninguno en absoluto, porque nunca me lo he planteado ni lo necesito. Primero llegaron de manera halagadora para intentar llevarme al limbo desde varios lugares y, al ver que la vanidad no se introducía en mis sentimientos para aletargarme, lo intentaron de otra manera. La de procurar amargarme la existencia hasta que salí del “ejército” y me dediqué a ser un francotirador sin otro proyectil que mi opinión en las redes. La paciencia, el conocimiento de quienes intentaron quitarme de encima sabiendo sus secretos porque siempre consigo que me los revelen y una experiencia cincuentenaria, me permiten seguir en este nuevo periodismo tan complicado.

Antes del partido en el Alcoraz ya intentaron sugerirme desde arriba que quizás no era correcto comparar la compra del Alcoraz por el Gobierno de Aragón con la presencia como accionistas del Ayuntamiento de Zaragoza y del Gobierno Autonómico en la Nueva Romareda. Mi intención era saber el motivo por el cual desde el poder no se había conseguido detener la crispación entre los aficionados zaragocistas y huesquistas que terminó como ustedes saben. Y la misma persona que impidió mi regreso a la Radio Autonómica hace un par de años para presentar de nuevo Tiempo Extra, fue la que no contestó a mi whatsap preguntándole los motivos de su incomodidad.

El lunes, en pleno “sálvese quien pueda” del Real Zaragoza y del silencio que precede al ruido, otro personaje más conocido por su pasado respetable de joven y de penoso recuerdo en tiempos de Agapito y la Propiedad, me envió un mensaje agresivo por un post donde supuestamente me refería a él. Yo le contesté por escrito preguntándole diferentes asuntos que yo tenía ya confirmados y allí terminó la historia hasta que recibí una llamada telefónica suya el martes, con la misma agresividad. ¿Qué ocurre cuando una persona está enojada y la escuchas con tranquilidad y sin discutir? Que te dice más cosas de las que quería y cierras los vacíos que tenías sobre ese tema.

Dos personas con las que no mantenía una conversación desde hacía mucho tiempo, advirtiéndome con el silencio o con el tono elevado sobre el Real Zaragoza y su organización transversal.

Y yo, con mi andador, sordera y pasitos cortos, expresándome con sinceridad en la plaza como hacían los grandes filósofos helenos en Atenas. Espero no tener que tomarme como Sócrates, por orden de Melito, Anito y Licón tras un juicio amañado, la cicuta que provocó su muerte. No tiene pinta, no soy importante; no me traga ni la derecha ni la izquierda, algo que disfruto con delectación. Por cierto, al final solamente se recuerda a Sócrates; los otros fueron enterrados tras su muerte y olvidados en la noche de los tiempos.

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