Zaragoza se merece más que nadie la Copa del Mundo

La afición de uno de los clubes con más historia y adoración por el buen fútbol se reconoce en una selección en la que busca una porción de la gloria que le han robado

Si hay una ciudad de fútbol del grande que se merece ser campeona del mundo el próximo domingo, esa es Zaragoza. La afición de uno de los clubes con más historia y adoración por este deporte se reconoce en una selección en la que busca una porción de la gloria que le han robado especuladores, políticos sin escrúpulos, falsos profetas y otras alimañas que pueblan una naturaleza muy contaminada pese a su hermosura. Desde una humillante categoría, la Primera RFEF, la gente ha aparcado el dolor para disfrutar de lo que considera muy suyo pese a que en los últimos cinco lustros hayan destripado su identidad: la belleza del juego, de las emociones honorables, de la felicidad a fin de cuentas. No habrá aliento más huracanado y quizás más sentido en la final que el de los feligreses del Real Zaragoza. Durante ese día, sobre todo si al caer la noche se eleva el trofeo al cielo de Nueva York, habrá quien no pueda contener las lágrimas. En parte por lo ganado como país; en parte por lo perdido, que ha sido casi todo en el destierro de la élite. Zaragoza luchará por ese momento que le fue tan común en otros tiempos, el de los paraísos que visten sus vitrinas y su memoria. La España de Luis de la Fuente alcanzó la perfección contra Francia, ese soplo de oxígeno puro tantas veces respirado en la vieja Romareda. Llegará el lunes y la puesta en marcha de la pretemporada en tercera división con otro grupo accionarial rasgando las entrañas de un club sin apenas una gota de sangre que saquear (por el momento acudirá a la próxima ampliación de capital y nada más), pero por décima ocasión quedará en la atmósfera colgado el eco del grito de campeones que se escuchó en nueve ocasiones en la plaza del Pilar para recibir al Real Zaragoza y su mundial esplendor.

Foto: el Periódico de Aragón

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